27 de enero de 2014

Aborto: distracción política y trincherismo

El gobierno de Rajoy se parece cada día más a la apisonadora segunda legislatura de Aznar, la de la mayoría absoluta. Lo recuerda Fernando Ónega en La Vanguardia. Dice que Rajoy aparca la política en un segundo plano mientras viste el discurso económico con un “torrente de literatura” y responde con un “torrente de evasivas” a los asuntos que le queman las manos. “El administrador ha devorado al líder político”, remacha.

Su modus operandi consiste a gobernar a golpe de decreto ley, sin consensos, desde la pantalla de plasma, compareciendo poco y contestando –cuando lo hace- sin responder “lo que interesa a los españoles” para hablar únicamente de una “política económica” dictada desde Bruselas.

Además, cabe situar la Ley del Aborto en el contexto del registro de 14 horas de su sede y del caso Bárcenas. Convenía echar una cortina de humo y de paso cumplir con el compromiso electoral de reformar la ley socialista de plazos sin que haya en la sociedad una mayoría y un consenso que lo justifique. Además, la polémica no duraría mucho al estar a las puertas de la Navidad.

Así funciona este país, estén unos u otros, PP o PSOE. Se gobierna para minorías, revocando las leyes de color político opuesto, pactando poco y utilizando el Parlamento como trinchera partidista. De esta forma nunca habrá estabilidad democrática ni paz social. Falta política en mayúsculas que garantice acuerdos en leyes tan básicas como la de educación.

 

Se gobierna para minorías, revocando las leyes del color político opuesto

 

Una de las críticas del PP al debate independentista catalán es el de dividir al país. ¿A caso, la ley del aborto no consigue esto, dividir? No, ha conseguido mucho más. Ciudadanos, lobbies y organizaciones pro derecho de aborto han reaccionado con indignación y sobrepasando los límites de la educación y la tolerancia. Temas como este irrumpen sin dar lugar al debate sereno y a un posible consenso. Las opiniones se polarizan automáticamente.

Entonces salta la chispa y se producen acciones de confrontación como la de entrar en la misa del gallo (como ha ocurrido en Colonia con Femen o en Sabadell). Atacar a la Iglesia, ofender a los creyentes o a quien piensa distinto es tan fácil como para los independentistas airear las portadas de La Razón o las declaraciones de Monago o Aznar. Si la sociedad no es capaz de estar a la altura y debatir con serenidad y argumentos para construir un futuro, luego no nos quejemos que no tenemos los políticos que nos merecemos.

 

Toni Bardia es periodista

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