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2 de marzo de 2016

Antoni Bassas: “Internet selecciona gente que sea capaz de hacer muchas cosas a la vez”

Adrián Caballero
Antoni Bassas y Adrián Caballero, en un momento de la entrevista. / Foto: Sandra Vericat

Antoni Bassas y Adrián Caballero, en un momento de la entrevista. / Foto: Sandra Vericat

 

Las mejores fotos de la entrevista a Antoni Bassas, AQUÍ

Antoni Bassas (Barcelona, ​​1961) es un periodista de los que podemos llamar “veteranos” por su trayectoria. Empezó en Radio Barcelona y en Catalunya Ràdio completó catorce años de periodismo deportivo en la radio, dedicación que compaginaba con la de guionista y presentador. Asumió el reto de El Matí de Catalunya Radio con 33 años y en 2009 decidió irse a Estados Unidos, como corresponsal de TV3 en Washington. Desde hace unos meses está inmerso en el proyecto digital del diari ARA, donde presenta ARA Bassas, un nuevo reto que le motiva bastante. Piensa que “el trabajo del periodista se ha complicado” con Internet, pero que “si los periodistas somos útiles, no desapareceremos”.

 

¿Qué estado de ánimo te provoca la situación actual del periodismo?

Si te soy sincero, me empiezo a cansar un poco de esta pregunta, porque la respuesta no puede ser otra que expresar preocupación. Pero tengo la sensación de que si sólo expresamos preocupación, estaremos más centrados en nuestro debate, y en la viabilidad económica de nuestro negocio, y transmitiremos a los ciudadanos que estamos más preocupados por nosotros que por ellos.

Es cierto que cuando nos preocupamos por nosotros, nos preocupamos también por la salud democrática de la sociedad.  También lo es que tenemos más lectores que nunca y que la prensa interpretativa tiene más salida que nunca. Pero también es verdad que nosotros no estamos al margen del impacto que la digitalización ha causado en todas las profesiones. Fíjate que la Revolución Industrial creó puestos de trabajo y la Digital los está destruyendo. Pero creo que hay salidas y hay que buscarlas.

 

Hace siete años, en una entrevista en Vilaweb , decías que hablar de todo ya no es problema, pero que los poderes económicos estaban imponiendo su agenda y que los periodistas debían luchar contra este hecho. ¿Crees que se ha mejorado en este sentido o todo lo contrario?

Yo creo que los medios convencionales, debido a la Revolución Digital, están más ligados que nunca a las deudas de sus aventuras empresariales. Por tanto, los mercados pueden estar imponiendo su agenda. Pero esta Revolución hace que muchas voces que antes no tenían salida ahora puedan llegar al gran público. No sólo aquí, también en Estados Unidos. Quizás no son los medios de mayor audiencia, pero hay radios y televisiones por Internet donde se pueden oír voces como la de Chomsky , que no oirás nunca a la CBS o la NBC.

Yo creo que el juego entre libertad de expresión y el intento de los poderes políticos de que esta expresión les sea favorable, ahora ha adoptado una nueva forma. Pero esta tensión existirá siempre. Lo que hemos perdido por un lado, lo ganamos por otro. Entre otras cosas, porque nuestros lectores tienen un espíritu crítico muy alto.

Yo te diría que, en estos momentos, gracias a las redes sociales y la capacidad de comparar medios, el ciudadano ya sabe qué ha pasado y lo que quiere es ir directamente al fondo de la cuestión. Tenemos una sociedad mucho más despierta. Sólo hay que ver los indignados, el procés [catalán], la ANC… Hay una enorme voluntad de debatir, y esto no sería posible si la gente no conociera qué pasa.

La sociedad ya no sólo pide al periodista que explique qué pasa y por qué pasa, sino que también le pide que sea consecuente con las explicaciones que da. Tanto desde el punto de vista empresarial, como personal y profesional.

 

Después de cuatro años en Estados Unidos como corresponsal, ¿has observado muchas diferencias entre el periodismo americano y el catalán o europeo?

De periodismos, en Estados Unidos hay muchos tipos, como aquí. Si hablamos del periodismo más prestigioso, por ejemplo el del New York Times , me parece que es un periodismo que ha tenido un problema grave en los últimos diez años: creerse las mentiras de la Guerra de Irak. Pero desde un punto de vista periodístico, está muy bien hecho. Las televisiones han abandonado la información para dedicarse al entretenimiento y los canales de cable hacen algo que ahora está llegando aquí: cultivan un huerto ideológico cercano.

 

Si te pregunto dónde has trabajado mejor, si los medios públicos o privados, ¿estará condicionada tu respuesta por tu cargo de Editor del Diari ARA?

No, en absoluto. Tengo un muy buen recuerdo de mi trayectoria profesional en los medios públicos. Los públicos sienten más las presiones políticas y los privados las comerciales, pero de alguna manera todo se acaba mezclando. Creo que en los últimos años, en Catalunya, todo lo que hemos ganado en medios públicos menos controlados por los gobiernos, lo hemos perdido con la partitocracia. En Cataluña, el peso de los partidos políticos en la vida pública y mediática es muy grande. En la empresa privada no se nota tanto la presión del anunciante como la necesidad de llegar a fin de mes optimizando todos los recursos.

 

La sociedad ya no sólo pide al periodista que explique qué pasa y por qué pasa, sino que también le pide que sea consecuente con las explicaciones que da

 

Tus inicios en Ràdio Barcelona y los primeros años en Catalunya Radio estuvieron ligados al periodismo deportivo. ¿Cómo fue que, después de catorce años, decidiste cambiar el deporte para dirigir el programa estrella de Catalunya Radio , El Matí?

Durante catorce años hice más que periodismo deportivo. Presentaba programas de entretenimiento y era guionista en televisión. Aprendí a trabajar con este ritmo rápido, analizar qué funciona y qué no. La radio deportiva en directo te hace pensar muy rápido y te enseña a ser un entrevistador agudo. Por otra parte, trabajar con un maestro como Joaquim M. Puyal abre muchas puertas mentales.

De pronto, mientras estás haciendo un programa de humor como Alguna Pregunta Més, te ofrecen hacer El Matí de Catalunya Radio. En un primer momento piensas que no. Pero luego piensas: “¿por qué no?”. El primer día estaba tan nervioso que me quedé afónico, pero en el fondo sabía que podía hacerlo, me veía capaz porque había hecho todo lo anterior. Por lo tanto, si tú trabajas en comunicación y te interesa el mundo, cuando llega la oportunidad, tú no lo sabes pero estás preparado.

 

Foto: Sandra Vericat

Foto: Sandra Vericat

 

Volviendo a la Revolución Digital, ¿Internet es un reto motivante o preocupante?

Sea lo que sea, es inevitable. Yo creo que tampoco debemos sacralizar el momento que vivimos. Cuando yo estudiaba, no había ordenadores y ¡se maquetaba con una regla! Si me lo preguntas a mí, yo estoy totalmente estimulado. Estoy presentando un informativo en un diario, con lenguaje de las series de televisión, con el concurso de la redacción y con factura televisiva. Que a mis 52 años tenga la oportunidad de comenzar algo nuevo que, además, no se ha hecho, es el mejor estímulo.

 

¿Crees que encontraremos la manera de recuperar los puestos de trabajo que se han perdido con la Revolución Digital?

Si somos útiles, no desapareceremos. Si la gente percibe que estamos siendo un contrapoder y que no estamos sujetos a intereses inconfesables, encontraremos la manera de dar salida al periodismo.

 

Pero hablas más de periodismo que de puestos de trabajo

No. Si somos útiles, estos puestos de trabajo no desaparecerán. Si la gente te compra lo que haces, los puestos de trabajo no desaparecerán. Esto, por supuesto, nos pone en un nivel de exigencia muy alto. Lo que está haciendo Internet es seleccionar gente que sea capaz de hacer muchas cosas a la vez: escoger la noticia, escribir, hacer las fotos… La profesión se nos ha complicado. Por tanto, sólo con quince o dieciséis horas de trabajo diario saldremos adelante.

 

¿Pero crees que es bueno para el periodismo que la misma persona te haga esta entrevista, las fotografías, la grave, la transcriba?

Si quieres ganar el Pulitzer, tal vez no. Pero si quieres llegar cada día a una cita, es probable que muchas de estas tareas las pueda hacer una misma persona. ¿Por qué no? Está claro que una fotografía la hará mejor un fotógrafo, pero si tú sabes hacer fotografías, ¿por qué no probarlo?

A mí me gustaría ver cómo serían las fotografías que pudiera hacer Mònica Terribas o los planos que sería capaz de coger Àngels Barceló. Nosotros nos encontramos que cuando hacemos el paseo por la redacción del ARA durante el informativo, de repente periodistas que escriben se ponen delante de la cámara y recibimos comentarios valorando que bien se explica. Posiblemente un periodista que tiene que hacer todo no tendrá tiempo de preparar bien la entrevista o el artículo, pero también es verdad que poniendo bien el foco, preparando la cámara o acreditándose, entenderá mejor las necesidades que plantea el trabajo . Si haciendo televisión ignoras que tienes que estar bien iluminado, ignoras qué es el contraluz o el posible cambio de diafragma, tampoco saldrá muy bien la entrevista, porque no facilitas el trabajo a tu cámara. Saber esto nos hace mejores, igual que cuando un fotógrafo o un cámara me dicen, en una entrevista, “pregúntale eso”.

 

Si tú trabajas en comunicación y te interesa el mundo, cuando llega la oportunidad, tú no lo sabes pero estás preparado

 

En esa misma entrevista de Vilaweb que comentábamos antes, hace siete años, te preguntaban qué votarías en un posible referéndum de independencia y tú contestabas que “por desgracia, es demasiado bonito que llegue el día que le pregunten a la gente por el futuro de su país. Cuando llegue el momento, ya te contestaré”. ¿Cómo ha cambiado la situación en pocos años, no?

No era consciente de cómo podría cambiar todo esto incluso en 2009, cuando me fui a Estados Unidos. En 2010 empecé a tener alguna pista, con la manifestación por la sentencia del Estatut, y en 2012, con la manifestación de la Diada, me pareció evidente.

 

¿Cómo evolucionará esto?

Mi hipótesis es que tres generaciones de catalanes han llegado, más o menos a la vez, a la misma conclusión: que en la relación política con España no hay nada que hacer. No es una conclusión unánime de la sociedad catalana, pero si de una buena parte. ¿Cuántos? No se sabe, porque no podemos votar, pero sospecho que alrededor de la mitad. ¿Y por qué esta hipótesis? Porque la gente tiene la sensación de que su esfuerzo fiscal no repercute del modo que debería hacerlo en su vida, porque está harta de sentir como algunos diarios de Madrid se atreven a decir de los catalanes lo que no se atreverían a decir de los negros, judíos o gitanos, y por un factor político desencadenante como es la sentencia del Estatut, que más que una sentencia jurídica es un “se van a enterar”. La gente considera que esto es una tomadura de pelo y reacciona.

 

¿Tú crees que habrá referéndum el 9 de noviembre o eres del 47% de catalanes que cree que no se hará?

A mí me parece difícil que se celebre una consulta porque se van cerrando las puertas para hacerla. Creo que habrá convocatoria de la consulta y, sinceramente, pienso que echar atrás un decreto de convocatoria implicaría la intervención de los poderes públicos del Estado. En el fondo, quiero pensar en positivo y pensar que este deseo de la población será atendido.

 

¿Tienes claro qué votarías?

Sí, lo tengo claro.

Mi posición política del expreso en las urnas, no en las entrevistas (risas).

 

 

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