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28 de marzo de 2016

Bruselas tendrá su gran pacto para que Juncker lidere la Comisión

Adrián Caballero
Juncker y Schulz, líderes de PPE y PSE respectivamente, mantienen una buena relación. / Foto: zeit.de

Juncker y Schulz, líderes de PPE y PSE respectivamente, mantienen una buena relación. / Foto: zeit.de

 

En política europea no hay problemas a la hora de realizar pactos a lo grande. Ya lo demostraron hace unos meses la CDU de Merkel y el SPD alemán al pactar un gobierno de estabilidad donde los socialdemócratas consiguieron ciertas cancillerías de relevancia. Este pacto “a la alemana” se repetirá en el Parlamento Europeo, al menos de forma implícita. Esto se desprende de las conversaciones entre Juncker y Schulz, las declaraciones ante la prensa de populares y socialdemócratas, así como de la visita a Barcelona de Jaume Duch, el portavoz del Parlamento, al que entrevistamos antes de las europeas en Tribuna Interpretativa.

En un desayuno con periodistas, Duch comentaba que el escenario más factible en las próximas semanas es que el Consejo Europeo de los próximos 26 y 27 de junio proponga como candidato a la presidencia de la Comisión al líder popular Jean Claude Juncker. Para que el Parlamento lo apruebe necesitará más apoyos que los simples poco más de 200 diputados conseguidos por el PPE. Partidos como los liberales y conservadores reconocen que la victoria del PPE da derecho a Juncker a ser el principal candidato. Además, el mejor aliado del luxemburgués no es ninguno de esos partidos, sino el Partido Socialista. ¿Y qué se pueden llevar a cambio de ese entendimiento los de Schulz? Que el 1 de julio, una vez sepamos que el Consejo ha propuesto a Juncker para la Comisión, el Parlamento vote a un o una socialdemócrata para presidir el Parlamento.

 

Juncker no gusta a todos

Es cierto. El luxemburgués gusta más como presidente de la Comisión a los socialdemócratas que algunos de los líderes conservadores. Esto es lo que pone emoción al Consejo del 26 y 27 de junio, aunque Jaume Duch hizo hincapié en que “si el Consejo no propone en esa fecha a Juncker, la elección de presidente de Parlamento del 1 de julio será del todo incierta”. También comentó a los periodistas que el Consejo Europeo no quiere alargar más el tema para evitar que la crisis entre gobiernos nacionales y mandatarios comunitarios se agrave. En la línea de esto, una semana después de las elecciones europeas, en una rueda de prensa del Partido Popular, su portavoz comentó que “o el Consejo propone a Jucker o vamos a una crisis institucional”. Palabras directas, duras y que demuestran cómo incluso en Bruselas se creen el nuevo papel que se le quiere dar al Parlamento, de mucha más fuerza.

Para evitar esta crisis, lo más sencillo sería que los líderes nacionales guardaran sus reticencias sobre Juncker para sí mismos o para el debate interno del PPE y apostaran como candidato para la Comisión para el de Luxemburgo. Si finalmente sucede esto, el premier británico, David Cameron, quedaría en una posición muy delicada: en un país con auge euroescéptico, calmando a una parte de su partido que así se manifiesta y con declaraciones propias contrarias a Juncker. “Si Cameron quiere quedarse en un rincón, la Unión Europea tiene que continuar haciendo su trabajo”, comentó el pasado viernes un responsable del Parlamento Europeo a un grupo de periodistas. Parece, entonces, que la posición del Reino Unido no tiene que hacer cambiar nada el rumbo de la Unión Europea de los próximos 20 días, clave para las composiciones de Parlamento y Comisión, así como de los grupos políticos.

 

Si el Consejo Europeo acaba proponiendo a Juncker como candidato a presidente de la Comisión, el británico David Cameron quedará en una posición delicada en Europa

 

Aun así, en el caso que Juncker finalmente no tuviera apoyos en el Consejo la crisis que se abriría en el seno de la Unión sería de dimensiones épicas. Sería una gran derrota para la apuesta de “más política” en Bruselas. “Si Juncker no consiguiese mayoría, difícil sería que la consiguiera Schulz”, comentó Jaume Duch a la pregunta de una periodista sobre este escenario que nadie en Bruselas ni Estrasburgo quiere imaginar. Sobre el tema, Duch dejó claro que, desde su posición en el Parlamento, no cree que la posición nacional vaya a ser tan decisiva como lo ha sido en los últimos años: “para que una propuesta salga adelante, necesitas seguro a Partido Popular y Partido Socialista, e incluso a los liberales”, así que el consenso no sólo está garantizado sino que es, más bien, obligatorio.

La visita a Barcelona de Jaume Duch deja dos apuntes más: el primero es el optimismo de los responsables europeos acerca de las cuestiones de euroescepticismo y extrema derecha. Estadísticas en mano, el portavoz del Parlamento dijo que las cuatro grandes famílias políticas en Europa (PP, PS, liberales e izquierda) suman 530 diputados, mientras que solo 40 diputados son claramente euroescépticos y otros 40 claramente de extrema derecha.

El segundo apunte es sobre el papel más importante que se le quiere dar al Parlamento. Duch lo valora muy positivamente y advierte que es un experimento cuya finalidad es recuperar, después de muchas décadas, el carácter político de la Comisión. Dejó claro que “si la idea funciona, se queda”, pero se puso serio para advertir que “si no funciona, puede tener graves consecuencias”.

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