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3 de agosto de 2015

Callad periodistas, o se hundirá la bolsa

Adrián Caballero
Foto: Bolsa de Madrid

Foto: Bolsa de Madrid

 

No se dice nada nuevo al afirmar que la crisis económica ha afectado al mundo del periodismo. Tampoco  si se comenta que el periodismo hace años que va perdiendo credibilidad entre los ciudadanos. Pero existe un tipo de periodismo que consigue reunir ambos factores: pérdida de credibilidad relacionada con la crisis económica. Es el periodismo económico, que no pasa por sus mejores momentos y sobre el cual, desde hace años, mucha gente se pregunta porque no avisaron con luces de neón y megáfonos la que se avecinaba.

El pasado 27 de marzo tuvo lugar en el CaixaFòrum de Barcelona un debate sobre cómo los medios de comunicación económicos han tratado la crisis económica. La primera respuesta a esa pregunta es clara: ocultando información. Sin esconderse, Albert Closas, periodista económico de TV3, afirmó que “los periodistas hemos ocultado información”. Bajo el pretexto de “no causar pánico”, el periodismo económico ha seleccionado aquella información relevante por encima de la que era más relevante pero no se podía publicar. “En ocasiones, en la redacción sabíamos de una quiebra inminente o cuando estaba el gobierno mintiendo sobre datos económicos”, pero no decían nada “porque se podría haber provocado escenas de pánico al estilo de los años 30 en Estados Unidos poco antes de la llegada de Roosevelt” afirma Martí Saballs, subdirector del Diario Expansión.

En los últimos años, el periodismo económico se ha empapado de los eufemismos que la retórica política ha introducido en los mensajes de analistas económicos, ministros e incluso presidentes del gobierno. Es irónico hablar de ‘crecimiento negativo’ cuando en realidad se quiere decir pérdidas, sin olvidar que ahora la emigración de los trabajadores españoles es ‘movilidad exterior’. Piensen también que cuando presenten un nuevo impuesto será una ‘novedad tributaria’ o que cuando llegue desde Bruselas –¿que las órdenes lleguen desde la UE no es, en sí mismo, un eufemismo?- la necesidad de ‘ajustes’ será momento de recortes.

 

El periodismo económico ha seleccionado aquella información relevante por encima de la que era más relevante pero no se podía publicar

 

Si estos eufemismos han entrado en el vocabulario normal de políticos, analistas e incluso aquellos consumidores de prensa económica no es responsabilidad de nadie más aparte de los medios de comunicación. Durante los últimos años, los medios se han encargado de reproducir los mensajes de los responsables políticos. Quizás por condescendencia o quizás porque la crisis se ha llevado a muchos redactores como para que alguien estuviera atento a semejantes palabras. En realidad, el trabajo de quien publica un Consejo de Ministros en el que se habla de ‘crecimiento negativo’ es dejar en evidencia que ese término significa pérdidas y denunciar el uso del eufemismo. En vez de eso, los eufemismos ya forman parte del lenguaje económico y será difícil que dejemos de oírlos. Algunos economistas argumentan que “los ciudadanos son suficientemente listos como para identificar un eufemismo”. Quizás sí, pero entonces el periodista no es tan listo para saber identificarlo y, por encima de todo, saber que su trabajo es denunciarlo.

 

Humildad y credibilidad

Para Saballs, “hay una serie de personas que se han enriquecido en base a decir que se acercaba el apocalipsis”. Se refiere a todos aquellos analistas y gurús de la información que vaticinan que todo irá a peor. Curiosamente, no vaticinaron la que se avecinaba a principios de los 2000. El subdirector de Expansión pide “más humildad” a los periodistas, recordando que “somos periodistas, no economistas”. En esto coinciden en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Allí, el profesor Miguel Angel Noceda imparte un curso sobre la información en estos tiempos de crisis. Una de las claves del curso es que “el periodista económico debe tener conocimientos de economía, pero únicamente para interpretar y analizar la información relacionada y transmitirla a cualquier lector u oyente, no solo a un público especializado”. A esto Albert Closas lo llama “no dar nada por sabido”, cosa que intenta aplicar en su programa de divulgación económica Valor Afegit, que se emite en la televisión pública catalana.

El papel de los medios en la economía no es algo sin importancia. La teoría del premio Nobel de Economía 2013 Eugene Fama se basa en cómo la información de los medios es incorporada e influye en el comportamiento de las empresas e inversores, modificando así “precios en el mercado”. El periodista Manuel Illueca afirma que “la investigación periodística rigurosa tiene capacidad para alterar las cotizaciones bursátiles”.

Pero también influye en los ciudadanos, cuya percepción de la situación económica se basa en lo que oye y lee en los medios. Así, en el último barómetro de Metroscopia publicado en marzo por El País, el 90% de los españoles calificó de ‘mala’ o ‘muy mala’ la situación económica de España pero sólo el 34% calificó como ‘mala’ o ‘muy mala’ la situación económica de su hogar. Para valorar la primera pregunta se tiene en cuenta la información de los medios y para la segunda no.

 

Complicidad con el mercado

Se supone que los medios de comunicación, especialmente los económicos, deberían haber investigado e informado mejor sobre todo lo que la burbuja inmobiliaria iba a dejar una vez explotase. Pero, tal y como explica Illueca, “los medios ganaron mucho dinero en los años previos al estallido de la burbuja informando sobre compañías que, a su vez, ganaron mucho dinero gracias a la subida del precio de la vivienda”. Empezaba así una relación de complicidad, que este periodista compara con el síndrome de Estocolmo, que impedía a los medios denunciar ciertas prácticas irregulares de promotoras inmobiliarias y entidades financieras. Cosa que no es nueva: Damian Tambini confiesa en un artículo como el The New York Times rechazó un artículo suyo sobre la crisis de 1987 por “alarmista”.

 

Gráfico de los ingresos de prensa on-line por publicidad, liderado por las webs económicas / Elaboración: Gurusblog

Gráfico de los ingresos de prensa on-line por publicidad, liderado por las webs económicas / Elaboración: Gurusblog

 

A esto se le suma el tema de la publicidad. Si en los medios generalistas las constructoras, inmobiliarias y entidades financieras eran una buena parte de las empresas anunciantes, mucho más en los diarios económicos. Otra razón más de los periodistas para mantenerse discretamente en silencio mientras la burbuja inmobiliaria y las ‘hipotecas subprime’ iban haciendo el trabajo sucio. Pero no todos los periodistas opinan que se hicieran más las cosas en la profesión. Alfonso Vara, director de SIEC, afirma que “me incluyo entre los que creen que la prensa sí alerto sobre los riesgos de la burbuja inmobiliaria y los créditos basura”. Además, Vara denuncia que “cuando un periodista publicaba información de este tipo [sobre la burbuja inmobiliaria] en tiempo de bonanza económica se les llamaba agoreros y se les tendía a ignorar”.

Parece, eso sí, que si comparamos los medios económicos con otras instituciones, como los responsables políticos, los periodistas salimos ganando a la hora de advertir sobre las consecuencias de la burbuja inmobiliaria. Por pocos artículos ‘agoreros’ que se escribieran en época de bonanza económica, son más avisos que los que los líderes políticos dieron. La irresponsabilidad de no querer “ser quien apagara la música en la fiesta” –tal y como afirmó un ministro de Economía en La Sexta- hizo que incluso en pleno 2008 el gobierno español, por ejemplo, todavía no hablara de crisis y no afrontara la realidad económica. Para Martí Saballs, “cuando Lehman Brothers cayó, todos los países reaccionaron de una u otra manera. El único país que no hizo nada hasta bien entrada la crisis fue España”. Así lo denuncia también el profesor de periodismo económico Ángel Arrese, afirmando que “si comparamos lo que hizo la prensa económica, en relación a los avisos que se dieron, con otras instituciones, creo que los medios cumplieron mejor con su trabajo”. Mal de muchos…

 

¡Cuéntaselo a Homer!

De la desinformación económica en tiempos de crisis hay que aprender. También de cómo esta desinformación ha minado la ya maltrecha credibilidad de los periodistas –según una encuesta publicada en la revista Capçalera del Col·legi de Periodistes de Catalunya, el periodista es la segunda profesión menos valorada por los ciudadanos-. El primer reto para recuperar la simpatía de los ciudadanos es precisamente acercar la información económica a éstos: que sea información veraz, sin opacidades, pero, además, en un lenguaje y forma que cualquiera entienda.

 

Algunos periodistas, como los de la nueva publicación Ballena Blanca, quieren dedicarse “simplemente a informar”, aunque eso resulta cada vez más difícil

 

Si hace unos años algunos profesores decían en las Facultades “explícalo como si lo fuera a leer mi abuela”, también parece útil pensar en el famoso personaje de Los Simpson, Homer: un hombre de media edad, de clase media y con una inteligencia no superior a la media. Con la idea de explicar las cosas tal y como son, de forma rigurosa, pero simplificando el mensaje, nacen publicaciones como Ballena Blanca, una nueva revista en papel que tocará temas de medio ambiente y economía. Lo harán, tal y como cuentan los tres periodistas que ponen en marcha el proyecto, “sin renunciar al periodismo que nos gusta, ácido y divertido”, consiguiendo así, acercar esta información a los lectores. Su primera portada ya habla, precisamente de “el lío eléctrico explicado a Homer”.

¿Qué le espera al periodismo económico? A los grandes medios de comunicación les espera un futuro de cambio muy lento, donde una buena parte de los trabajadores pueden quedarse en la calle debido a los recortes pero los problemas seguirán en la redacción, donde los periodistas y directivos con sueldos más altos y producción más pequeña seguirán rigiendo en estos diarios. Para el resto, la tarea es recuperar la credibilidad que otros perdieron por ellos, y dedicarse, como dice el equipo de Ballena Blanca, “simplemente a informar”, aunque esto resulte cada vez más difícil.

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