17 de diciembre de 2013

El espejo de los minijobs

Arbeiter-minijob

Alemania tiene una tasa de paro que desconcierta en la coyuntura actual: un 6’9% de la población activa no tiene trabajo, según datos del trimestre pasado. Lejos del 27% de paro de la economía española y de los índices de la riba del Mediterráneo, se suele desconocer que 7’4 millones de trabajadores tienen un minijob y que en los últimos cuatro meses consecutivos se ha destruido más puestos de trabajo de la tendencia normal.

Alemania, como decíamos, es pionera en el establecimiento de un modelo de contratación como los minijobs. Nos encontramos delante un asunto muy controvertido entre analistas y allá donde se ha implantado o se quiere implantar: para unos sería el combustible para encender el mercado laboral, para otros destruiría y contribuiría a precarizar aún más puestos de trabajos. Pero, a pesar de la generosa tasa de ocupación de la economía alemana, ¿cuál es el precio que pagan los trabajadores? ¿Y si los minijobs están sustituyendo puestos de trabajo completos? ¿Las retribuciones son suficientes para vivir?

¿Qué son los minijobs?

Los minijobs fueron diseñados, inicialmente, para poder trabajar a tiempo parcial. Corría el año 2003 cuando el canciller Gerhard Schröeder impulsó una reforma liberalizadora del mercado laboral. Así, estudiantes, amas de casa y jubilados podrían ocupar una parte de su tiempo a un trabajo.

Estos contratos a tiempo parcial interesan mucho a las grandes empresas, puesto que están exentos de impuestos y de cotizar en los fondos sociales. En la república germánica, los minijobs actúan generalmente como fuente de ingresos suplementaria a las pensiones: des del año 2000, los la tasa de ocupación de los mayores de 75 años ha aumentado un 60%. Se trata de personas a quien la pensión no es suficiente para vivir y resisten con tareas como las de repartir periódicos o reponer los estantes de los supermercados.

España y el flirteo con los minijobs

En el estado español se han manifestado avances políticos acerca de la cuestión de los minijobs, en sintonía con la concepción de tomar el milagro alemán como modelo a seguir. Joan Rosell, presidente de la CEOE, declaró que “es mejor tener gente trabajando una hora, dos, o tres, que cero” (vídeo Eleconomista.es). Por su parte, en el informe del ejercicio del 2012 el Banco de España proponía contratar trabajadores por un salario inferior al salario mínimo interprofesional (SMI) – hoy cifrado en 645’30 € mensuales -, considerado este un obstáculo para el fomento de la contratación. Juan José Dolado, catedrático de Economía de la Universidad Carlos III, asegura que el Banco de España está sugiriendo en el informe algo similar a los minijobs.

A escala autonómica, el Consejo Asesor para la Reactivación de la Economía y el Crecimiento (CAREC), el organismo creado esta legislatura por el gobierno de la Generalitat de Catalunya, también receta los minijobs como una de las medidas a corto plazo para reactivar la economía. Fomentar el trabajo a tiempo parcial haría aumentar la ocupación: es lo que se desprende del último documento presentado al gobierno catalán.

Pero, a pesar de las palabras de los agentes políticos y económicos favorables a los minijobs, ¿porqué está tan polarizado el análisis sobre este modelo de empleabilidad?

A favor de los minijobs

Uno de los argumentos que utiliza el Partido Liberal alemán frente a los sindicatos es que la competitividad del país en Europa se debe, en parte, a simultanear puestos de trabajo fijos y los minijobs. A menor coste laboral, pues, más competitividad para las empresas nacionales.

El informe del Banco de España considera que el SMI es una restricción para ocupar grupos específicos de trabajadores, sobretodo los poco cualificados. En esta línea se posiciona Guillem López Casanovas, consejero del Banco de España y catedrático de Economía de la Universidad Pompeu Fabra. El académico sitúa como receta para fomentar la ocupación 1) abaratar la cotización social del SMI y 2) complementar con subsidios públicos allá donde no llegue la retribución de la empresa en el SMI.

Así, proponer un auxilio al salario por debajo del mínimo legal no es ir en contra de los sindicatos, se defiende López Casanovas. El catedrático orienta su defensa a un modelo de políticas workfare – trabajar para el bienestar –, en contraposición con las de welfare – aprovisionamiento de bienestar a los ciudadanos –: subvencionar a quien, aún trabajando, no llega a unos mínimos, en contra de indemnizar a quien no trabaja. Si el estado incentivara los minijobs, pues, el parado se sentiría útil socialmente y se dejaría de condicionar la ayuda a quien no trabaja – un contrasentido para López Casanovas –.

En contra de los minijobs

Para los sindicatos germánicos, sin embargo, la extensión de los minijobs como remedio para fomentar la ocupación significa precarizar los puestos de trabajo. Muchas empresas alemanas utilizan los minijobs para cubrir puestos de trabajo fijos. Además, los contratos a tiempo parcial no suelen estar protegidos por los convenios colectivos. En este sentido, los sindicatos pidieron en abril pasado la regulación de un SMI que tumbaría el punto de partida por el que se remunera por horas los minijobs.

Quien justifica los minijobs en España se apoya en la necesidad de ocupar los menores de edad con baja cualificación. Según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) de diciembre pasado, en España se registran 220.000 parados entre los 16 y 18 años. Sólo un 3% del total. Delante de estas cifras, Dolado considera que no se puede sostener la presente justificación.

Otro punto que cuestiona los minijobs son las futuras pensiones de sus empleados. Un informe del Ministerio de Trabajo alemán del 2012 describe que las cotizaciones a los fondos de pensión públicos sólo darán derecho a 3’11 euros de pensión al mes por cada año trabajado a tiempo parcial. Si la edad de jubilación en Alemania son los 67, después de limpiar casas (por ejemplo) durante 45 años, un pensionista tendrá derecho a una pensión mensual únicamente de 139’95 euros. Si bien el gobierno federal subsidia a un 3% de los jubilados por debajo del umbral de pobreza, en 2015 recibirán estas ayudas un 10% de los pensionistas.

El otro baluarte en el que se protegen los defensores de los minijobs es que aumentar los costes laborales de una empresa destruye ocupación. Cristina Casillas, economista y periodista, considera que esta defensa no se sostiene porque el impacto que puede tener el incremento del SMI es muy pequeño en relación a los costes generales de una compañía. Como alternativa, pues, propone trasladar la reducción salarial a los trabajadores mejor pagados (los directivos): una cantidad mínima en proporción a sus sueldos, y prescindible en comparación a los trabajadores con menor retribución y sus familias.

Los minijobs no se adecuan con las especificidades de la economía española

Pero, ¿cómo se implantarían los minijobs en España? ¿Son compatibles con el mercado laboral de la economía del país?

A la hora de establecer los minijobs recetados por el Banco de España, Dolado sostiene que nos encontraríamos con una serie de problemas que dificultarían contratar trabajadores mayores de 18 años. El catedrático de Economía, además, afirma que para favorecer la inserción de los jóvenes parados, una reducción del SMI les debería permitir completar su formación a la vez que adquieren experiencia laboral. Para Dolado, pues, formación y experiencia no deberían ser dos términos excluyentes a la hora de diseñar políticas de inserción laboral. Si el Estado español avanzara hacia la implantación de los minijobs, debería mirar al Reino Unido, donde existen contratos de aprendiente para los jóvenes en formación profesional por un sueldo de 2’7 libras (3 € la hora).

Si bien la reforma laboral del 2011 contempla la figura contractual de aprendiente, está diseñada para parados entre 18 y 30 años. Además, permite una reducción del 25% del SMI pero no contempla trabajo a tiempo parcial, enfocado hacia estudiantes de formación laboral. Dolado recuerda que para poner en marcha el sistema de los minijobs, se debería intensificar la cooperación entre los servicios públicos de ocupación del estado y las Empresas de Trabajo Temporal (ETT), con la finalidad inmediata de dar trabajo a los colectivos más afectados por la actual crisis.

Antes de valorar la idoneidad de los minijobs en una economía con la española, pues, deberíamos tener presente que ésta se fundamenta en los servicios, en trabajos que no requieren excesiva cualificación. Además, examinando que sólo en Catalunya 1 de cada 6 hogares con dos miembros ocupados están por debajo del umbral de pobreza, ¿sería una fórmula correcta reducir el SMI y facilitar a las empresas contratar a tiempo parcial? ¿La enésima receta alemana será avantajosa para los trabajadores españoles? ¿O se trata de una táctica sostenida por el pensamiento neoliberal para precarizar aún más el campo laboral y facilitar la acumulación del capital a las empresas?

 

Una Respuesta

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