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27 de noviembre de 2015

Lurdes Vidal: “Las revueltas árabes fueron respuesta a una crisis de legitimidad”

Adrián Caballero
Lurdes Vidal en la sede del IEMed / Foto: IEMed

Lurdes Vidal en la sede del IEMed / Foto: IEMed

 

Entrevista con Lurdes Vidal, responsable del área de Mundo Árabe del Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed), con sede en Barcelona. Es redactora jefe de la revista Afkar / Ideas, centrada en los temas de política árabe y en esta conversación analiza el futuro de los países que iniciaron hace tres años las revueltas conocidas como la ‘Primavera Árabe’. También hay tiempo de comentar su visión sobre el papel que juega la Unión Europea en todo esto.

 

¿Cuál es tu papel dentro del IEMed?

Yo soy la responsable del Área de Mundo Árabe y Mediterráneo del Instituto Europeo del Mediterráneo. Me encargo de hacer el seguimiento de la evolución sociopolítica de todos los países del mundo árabe, en concreto de la orilla árabe del Mediterráneo. Sin embargo, estamos en un mundo donde no podemos estudiar una parte geográfica sin pensar qué pasa en otros lugares. No podemos analizar lo que sucede en Egipto sin saber qué pasa en Arabia Saudí, por ejemplo.

Esta tarea de seguimiento se ha intensificado a raíz de los procesos de transición democrática, la Primavera Árabe. Organizamos, además, actividades de cara al público con la intención de divulgar la cultura y esta realidad sociopolítica. Actualmente, sin ir más lejos, estamos ofreciendo una serie de ciclos de cine sobre el mundo árabe.

Con todo ello, una de las principales actividades que hacemos dentro de esta Área es la publicación de la Revista Afkar / Ideas, una revista trimestral que acaba de cumplir 10 años y que consideramos única en su manera de ser: se hace mitad en Madrid, mitad en Barcelona y se publica en castellano y francés. Se vende, por suscripción, en España, Francia y también en el Magreb. La venta en quiosco es, curiosamente, más significativa en Marruecos o Túnez que en España.

 

El futuro del periodismo pasa por el norte de África, pues.

¡No hombre! Pero sí que observamos en el Magreb que hay mucho interés en saber qué lectura de su realidad se hace desde Europa. Existe en la revista pluralidad de voces entre norte y sur. También intentamos dar voz a los diferentes actores implicados. Cuando tratamos un tema, intentamos tratarlo desde diferentes perspectivas.

 

Veo pues que la población del Magreb está muy interesada en lo que escriben en Europa.

Lo que escriben en Europa pero también allí mismo. Muchos de nuestros autores son de esos mismos países. Pero sí que entienden la Revista Afkar / Ideas como una publicación libre, aunque ahora el panorama está cambiando mucho. Casi podemos decir que hemos entrado hace poco en Túnez. Hasta la caída de Ben Ali, la revista había sido bloqueada en las aduanas. Entraba clandestinamente, sin saberlo ni siquiera nosotros. Yo me sorprendía de la cantidad de tunecinos que conocían Afkar / Ideas y esto ocurría porque se hacía un envío directo de la revista a algún autor y ese mismo ejemplar iba pasando de mano en mano. La gente tenía mucha ansiedad de leer información real.

 

Existe el error frecuente de asimilar que el árabe es musulmán. También hay cristianos y de otras religiones

 

¿Ha crecido, pues, las ganas de conocer la realidad y debatir en el norte de África estos últimos años?

Ya había este interés antes. No somos conscientes de las ganas que la gente del norte de África tiene de debatir y conocer lo que ocurre en su región pero también en Europa. En el último número de la revista, por ejemplo, se incluye un artículo sobre las elecciones europeas para que tanto el lector europeo como el árabe quieran debatir sobre ello. No obstante, es cierto que es una revista centrada en temas árabes.

 

Quizás el problema al hablar de ‘temas árabes’ es que Mundo Árabe es un concepto muy amplio, ¿no crees?

Sí. Nosotros lo usamos mucho porque es la Europa mediterránea quien usa más esta expresión. Si vas al  mundo anglosajón, la noción mundo árabe no existe. Ellos usan conceptos como middle East, north Africa, etc. Se trata de hacer agrupaciones regionales que tengan cierta coherencia. En definitiva, cuando hablamos de mundo árabe ¿que queremos decir? Esta etiqueta de mundo árabe que ponemos incluye una buena parte de gente que no es árabe. Es sólo una etiqueta para identificar una región geográfica del Mundo. En realidad estás incluyendo minorías que no son ni de habla árabe. Un ejemplo de ello son las comunidades kurdas. Además de ésto, hay otro error frecuente: asimilar que el árabe es musulmán. Es una realidad distorsionada porque hay muchos árabes que son cristianos o de otras religiones. En definitiva, cómo denominamos una región determina desde donde lo estudiamos.

 

¿Crees que el concepto de ‘Primavera Árabe’ nacido hace tres años era demasiado simplista?

Es inevitable hacer generalizaciones. Se ha metido en el mismo saco diferentes realidades porque, de hecho, ‘primaveras árabes’ ha habido muchas y con anterioridad.

 

Habla en la revista de “crisis de legitimidad en el Mundo Árabe”. ¿Son todas estas ‘Primaveras Árabes’ respuesta a esta crisis de legitimidad?

Evidentemente.

 

La etiqueta de ‘mundo árabe’ incluye a mucha gente que no es ni árabe

 

¿También la de 2011?

Sí. La de 2011 refleja el déficit de democracia de los países y la frustración de la población. Nada es fortuito, aunque de cara al público parece que, de repente, estallaron unas revueltas. Todo es consecuencia de una serie de eventos. Hay una chispa que hace de desencadenante pero hay una serie de elementos. Unos Estados anquilosados, unas élites políticas envejecidas que no conectan con la población, que han perdido la legitimidad que sólo sabían sacar del momento de la independencia del país. ¡Ha pasado más de medio siglo! La población joven que se rebela no tiene la referencia de los procesos de descolonización y, por tanto, no ve esta legitimidad de los políticos. La población se ha ido desengañando de las promesas de desarrollo y mayor justicia social. La chispa sólo hace que la revuelta salte.

La verdad es que tampoco es tan erróneo meter las diferentes revueltas en un mismo saco porque es cierto que había cierto contacto entre lo que ocurría en un país y su vecino. Si fue inesperado que estallara todo en Túnez, Egipto embravece por el precedente tunecino y hay gente que hablaba de un revival del ‘panarabismo’ de años atrás. La realidad de cada país es muy diferente pero había unos lazos comunes. La evolución de la ‘Primavera Árabe’ en cada país te demuestra esta realidad diferenciada. En todos los países, eso sí, se han producido cambios a raíz de estos movimientos de protesta.

 

¿Cómo prevés la evolución de los diferentes países que iniciaron revueltas hace tres años?

Cada país ha sufrido una evolución relacionada con su propio contexto. Lo que se ha podido ver en la mayoría de estos países, eso sí, es una fractura muy importante en la sociedad. La mayoría de las poblaciones son musulmanas pero sí hay divergencias de opiniones respecto a la relación entre instituciones y religión. No podemos hablar de laicidad pero sí de movimientos que promueven una secularización entre religión e instituciones. A estos en el mundo árabe les llaman los ‘liberales’, pero no es que lo sean a nivel económico o ideológico. Estos liberales están enfrentados a otra parte de la población, que cree que la esfera pública debe estar mucho más pautada por las cuestiones religiosas. Aquí encontramos los movimientos socio islamistas que ocuparon el centro de atención cuando cayeron los dictadores porque, en general, son movimientos bien organizados con una base social importante.

Esta fractura se puede ver en todos los casos. El modelo de Estado es un debate común que se está produciendo en todos los países y que ha polarizado a la población, sobre todo en el caso de Egipto. En Túnez, en cambio, este debate no genera tanta tensión porque previamente ha habido un gobierno con una visión más secularizada de la vida pública. Como se puede observar, son matices lo que diferencian la evolución de un país y de otro. Todo lo que pase de ahora en adelante ya está marcado por el contexto de partida. Muchos de los dictadores que había, han empleado durante años la estrategia del palo y la zanahoria, alternando época de represión y tolerancia. Además, detrás ha habido un sub-estado, dirigido sobre todo por Hermanos Musulmanes al caso de Egipto, que se hacía cargo de asuntos sociales a los que el Estado no llegaba: escuelas, hospitales, servicios sociales, etc. Son los Hermanos Musulmanes quienes crean y gestionan estas infraestructuras. Esto les ha permitido tener un arraigo social muy grande. Al caer el régimen, son ellos quienes tienen capacidad de organización y movilización. Cuando ganan los islamistas, la polarización social que se produce lleva al golpe de estado y el retorno a una política gubernamental de represión feroz contra los islamistas en Egipto.

En Túnez, en cambio, se ha llegado a un consenso entre las diferentes fuerzas políticas. También este clima está favorecido porque los tunecinos, incluso con Ben Alí han podido mantener ciertos espacios de independencia. Mientras no fueran peligro por el poder político, se les permitía funcionar. Son las fuerzas sociales nacidas en esta independencia las que han forzado a las fuerzas políticas a encontrar un consenso y evitar un golpe de estado.

En Libia lo que tenemos es la caída de un régimen y no se puede decir que después se empiece desde cero. Empiezas desde menos cero, ya que no tienes ni infraestructuras de Estado. Mientras Ben Ali y Mubarak dejan un Estado funcionando, Gadafi no. En Libia no hay cultura partidista y los islamistas habían sido reprimidos durante todo el gobierno de Gadafi. Con la liberación, nos encontramos unas fuerzas de seguridad, por ejemplo, infracompetentes porque Gadafi dejó en una situación débil las fuerzas de seguridad por el miedo a un golpe de Estado. Encontramos, pues, que con el fin del régimen existe un ejército incapaz de hacerse con la situación y unas milicias armadas que quieren jugar un papel en el futuro del país. Los gobiernos posteriores han sido incapaces de construir una arquitectura de seguridad nueva en el país.

 

La población del norte de África siempre ha tenido ansiedad por leer información real, no tan sesgada

 

¿Y qué papel juega la Unión Europea en esta realidad?

Lo que ha pasado aquí es que todas estas revueltas han surgido en un momento en que la Unión Europea se encuentra mirando su propio ombligo porque bastante tiene resolviendo problemas internos como para ir a resolver los del exterior. Pero lo que pase en la orilla sur del Mediterráneo nos afecta muy directamente, aunque sólo sea en temas energéticos, de inmigración no regulada y también porque la estabilidad o inestabilidad de estos países nos afecta de forma directa. El aumento de grupos violentos en estos países puede acabar teniendo repercusiones para Europa.

La Unión Europea reacciona tarde y con mal pie a estos hechos. En un primer momento no sabe cómo reaccionar ante toda esta protesta popular masiva. Una vez suceden estas revueltas, propone mecanismos para conducir la transición. Lo que ocurre es que de lo que prometió, no se cumplió todo. Eso sí, la Unión Europea ha apoyado organizaciones como estas fuerzas sociales tunecinas que hemos comentado que juegan un papel clave en la transición del país. Pero el dilema para Europa está en cómo actuar con otros derivas no tan pacíficas, como en Egipto. Sin embargo, la Unión Europea está ahí. Y es un actor que puede seguir siendo importante porque es un actor visto con mejores ojos que otros, como Estados Unidos o Rusia. El problema es que la Unión Europea ha de salir de esta situación introspectiva en la que vive e intentar promover que estas políticas salgan adelante.

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