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2 de marzo de 2016

Escocia: el proceso sigue en marcha

Eduard Ribas
Yes Scotland

Cartel de campaña por la independencia en la A701 road de Escocia / Foto: lizsmith

 

Han transcurrido dos meses desde que la mayoría de escoceses decidió permanecer en el Reino Unido. En todo este tiempo, las sorpresas se han ido sucediendo: el independentista Scottish National Party (SNP) ha triplicado sus afiliados desbancando a los liberal demócratas como tercer partido del Reino Unido. Además, Johann Lamont, líder de los laboristas escoceses que hicieron campaña por el No, ha dimitido porque cree que los laboristas de Londres no entienden la realidad de Escocia. Pero más importante todavía, según una encuesta publicada por The Times, si este año se repitiera el referéndum, la opción independentista ganaría con un 52% de los votos y todo apunta a que los nacionalistas escoceses volverán a ganar las próximas elecciones.

 

LA HABILIDAD DEL SNP

No  hay que vincular el apoyo al SNP con un apoyo directo a la independencia de Escocia. Los independentistas gobiernan desde 2007, cuando ganaron a los hegemónicos laboristas que habían traicionado su alma socialdemócrata en favor de la tercera vía liberal de Tony Blair. “Desde entonces, los del SNP han dejado de ser vistos como conservadores con faldilla para convertirse en el principal partido de izquierdas de Escocia”, afirma el politólogo de la Universitat Autònoma de Barcelona John Etherington.

Y es que la clave del éxito del partido de Salmond ha sido saber vincular su mensaje independentista con una mentalidad social muy arraigada de los escoceses que desde Margaret Thatcher han visto como Londres amenazaba su preciado estado del bienestar. Especialmente significativo resulta, por ejemplo, que hoy las matrículas universitarias sean gratuitas en Escocia mientras que en Inglaterra suban los precios debido a los recortes presupuestarios.

Todo ello  explica que Salmond lograra una arrolladora mayoría absoluta hace dos años pese a proponer un referéndum independentista cuando solo entre el 20 y el 30% de los escoceses apoyaban la secesión. Fue a partir de entonces cuando el apoyo a la independencia escocesa fue creciendo hasta el 45% de votos a favor que tuvo finalmente el Yes en el referéndum.

 

Histórico del apoyo a la independencia de Escocia de Ipsos MORI

Histórico del apoyo a la independencia de Escocia de Ipsos MORI

 

LA PARADOJA CAMERON

Este rápido crecimiento del independentismo no solo se debió al meritorio trabajo de la campaña Yes Scotland que, como recuerda el enviado especial del periódico Ara a Edimburgo Marc Vidal, “tuvo que actuar en las redes sociales y en el puerta a puerta sin el apoyo de ningún medio de comunicación”, sino también se debe al propio David Cameron.

Es sabido que el primer ministro británico toleró el referéndum con una pregunta binaria de independencia Sí o No sin incluir la posibilidad de una mayor autonomía para Escocia como pedía Salmond. Cameron creía que los partidarios de esta tercera opción se decantarían por el no a la independencia y así se ahorraría dar más competencias a Escocia y podría archivar la cuestión escocesa en un cajón.

Pues bien, la estrategia de Cameron funcionó en tanto que logró evitar la ruptura del Reino Unido. Sin embargo, polarizando el debate entre Sí o No provocó que la opción independentista sumara cada día más adeptos hasta que alguna encuesta pronosticó la victoria del Yes una semana antes de la fecha decisiva. Esto provocó un auténtico terremoto en la campaña del Better Together (Mejor Unidos)  llevando a David Cameron a prometer más autonomía para Escocia –devolution max– si votaban contra la secesión. El premier anti tercera vía se convertía así en su principal defensor.

 

¿AHORA QUÉ?

El último sondeo que muestra una mayoría a favor de la secesión no es más que un termómetro de lo poco que confían los escoceses en que se cumpla la prometida devolución de competencias fiscales y sociales. Y es que dar más competencias a Escocia obliga a resolver la paradoja West Lothian, pues tiene poco sentido que el parlamento escocés tenga competencias propias como educación y, a su vez, como los ingleses no tienen parlamento propio, los diputados escoceses en Londres también legislan sobre la educación de Inglaterra.

Por ello, Cameron ha rebajado las aspiraciones escocesas y se ha embarcado en un café para todos a la británica devolviendo competencias también a Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte. Pero abrir la caja de pandora de la constitucionalidad no es sencillo. En ese sentido, el politólogo Etherington ve “muy difícil una federación británica en la que una parte tenga tanto peso”. Y es que hay que recordar que en Inglaterra viven 50 millones de personas mientras que en Escocia son solo 4 millones y en Gales 3 millones. Además, afirma Etherington, “los ingleses ya rechazaron en su día tener instituciones propias”.

Mientras tanto, los sondeos apuntan que el Partido Laborista, el único capaz de hacer sombra al SNP en Escocia se hunde. De los 41 diputados escoceses que tienen actualmente en Westminster solo conservarían cuatro, cayendo a una irrelevancia similar a la que tiene el Partido Conservador de Cameron en Escocia. La cuestión escocesa, pues, sigue encima de la mesa.

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