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28 de septiembre de 2015

La Unión Europea busca politizarse

Eduard Ribas

 

Eurocámara de Estrasburgo

Eurocámara de Estrasburgo

 

¿Por qué estas elecciones europeas son diferentes?

“Debemos construir una especie de Estados Unidos de Europa”, proponía nada menos que Winston Churchill una vez terminada la guerra. Debido a esa vanidad tan británica, el premier no concebía el Reino Unido dentro de dicha federación europea. Sin embargo, desde Victor Hugo, era la primera propuesta política que se hacía a nivel continental y sirvió de precedente para la creación de la actual Unión Europea. Una Unión que se enfrenta ahora a las elecciones más decisivas de su historia, en las que se intentará federalizar el continente a falta de una verdadera identidad europea.

Nunca antes tantos países -28 con la reciente incorporación de Croacia- habían sido llamados a las urnas para elegir a un parlamento con tantas competencias. La crisis económica y el Tratado de Lisboa, un sucedáneo de constitución europea, han comportado una gran cesión de soberanía por parte de los Estados miembros. Se dice que un 80% de la legislación de los países europeos se decide en Bruselas. Las instituciones comunitarias controlan aspectos diversos como mercado interior, aduanas, medioambiente, propiedad intelectual, agricultura y pesca, o política monetaria. Pues bien, en esta nueva legislatura la gran mayoría de dichas competencias pasarán a ser reguladas por el Parlamento Europeo en un intento de legitimar democráticamente una UE de tradición tecnocrática.

 

El Parlamento Europeo ganará competencias para legitimar democráticamente a la Unión Europea

 

Esa hipertrofia competencial del parlamento junto a la americanización de las elecciones deberían servir  para acercar las instituciones europeas a unos ciudadanos que las perciben como lejanas. Tampoco ayuda que se identifique Europa con el austericidio económico de los últimos años. La tradicional abstención y la interpretación de los comicios en clave nacional solo hace que favorecer a formaciones populistas que hacen peligrar el sueño europeo.

 

Un presidente elegido, en parte, por los ciudadanos

Desde las instituciones comunitarias estas elecciones se publicitan como revolucionarias pues “por primera vez los ciudadanos podrán elegir al presidente de la Comisión Euopea, el órgano de gobierno de la UE”. La realidad no es tan idílica. Nada garantiza que el ganador de las elecciones vaya a ser el presidente de la Comisión. Pero si el Tratado de Lisboa ha introducido alguna novedad es que los jefes de Estado y de gobierno, es decir Angela Merkel, deberán tener en cuenta los resultados electorales cuando propongan al Parlamento el nuevo presidente. Lo que ha llevado a pensar que por primera vez los ciudadanos tienen algo que decir.

 

Los jefes de Estado y de gobierno deberán tener en cuenta los resultados electorales antes de nombrar el presidente de la Comisión Europea

 

Ante estos cambios y embriagados en un estado de euforia europeísta, las familias políticas de la Unión han nombrado a sus candidatos a la presidencia de la Comisión. El Partido Socialdemócrata Europeo – que incluye entre otros el PSOE español, el SPD alemán, el PS francés de Hollande o el PD italiano de Renzi- se adelantó designando a un alemán, Martin Schulz. Por su parte, los conservadores europeos se hicieron más de rogar. Pero finalmente, el luxemburgués Jean Claude Juncker fue el candidato designado por el Partido Popular Europeo –PP español, CDU de Merkel, UMP de Sarkozy y Unió Democràtica de Catalunya entre otros- .

Tanto Schulz como Juncker son por si mismos verdaderas instituciones europeas. El candidato socialdemócrata ha sido el presidente del Parlamento Europeo en esta última legislatura. Mientras que Juncker, primer ministro de Luxemburgo durante dos décadas, ha sido el encargado de dirigir el Eurogrupo en unos tiempos muy convulsos para la moneda única. En España, Juncker es conocido por una fotografía lastimosamente metafórica en la que estrangulaba al ministro de Economía Luis de Guindos.

En esta campaña Schulz luchará contra su condición de alemán. No quiere que se le identifique con Merkel, pues la canciller no despierta simpatías entre los países castigados por la austeridad prusiana. El candidato socialista jugará la carta de las políticas de reactivación económica que tanto sirvió a Hollande para llegar al Elíseo, pero que después no se han visto por ninguna parte. Paradójicamente, Juncker deberá hacer de candidato alemán pese a ser luxemburgués. Es el encargado de defender la austeridad presupuestaria del PPE, aunque alguna vez él mismo se haya enfrentado a Merkel por esta cuestión. Pero en el PP europeo todos saben quién manda.

 

Alemania exporta la Gran Coalición a Europa

La diferencia entre el modelo europeo propuesto por ambos candidatos es mínima y de matices. Pero tampoco importa dado que las elecciones están planteadas entre más o menos Europa. Los dos grandes partidos han dejado de lado la competencia izquierda/derecha – cleavage de clase según el esnobismo politológico- para centrar una campaña de europeístas versus euroescépticos. En esta competencia, tanto Juncker como Schulz se sitúan en un mismo lado: el del statu quo. En los debates televisados se han hecho evidentes sus enormes coincidencias por lo que ya se está cimentando una probable gran coalición europea entre populares y socialdemócratas similar a la que gobierna en Alemania. Dicha Koalition recibiría sin duda alguna el aval de Merkel. Alles in Ordnung para la canciller.

 

El Parlamento Europeo según el último sondeo Poll Watch 2014 // Tribuna Interpretativa

El Parlamento Europeo según el último sondeo Poll Watch 2014  / Elaboración propia

 

En e hipotético caso de que la gran coalición no fuera necesaria y PPE o PSE obtuvieran una victoria contundente, entraría en acción la formación bisagra por excelencia. Se trata de los liberaldemócratas europeos, el único grupo que se encuentra ideológicamente entre los socialdemócratas y los populares. En España no existe esta tradición – solo Convergència y PNV pertenecen al grupo liberal- pero en Alemania o Reino Unido es habitual que existan partidos de ámbito estatal liberaldemócratas que tengan la llave de la gobernabilidad.

Son formaciones políticas que defienden el libre mercado pero que se definen como progresistas en lo social. Además, en la Unión son el único grupo que se declara sin tapujos como federalista europeo. De hecho su líder y candidato a la presidencia de la Comisión, el ex primer ministro belga Guy Veerhofstadt, es quizás la voz valedora de los Estados Unidos de Europa más destacada. Por eso mismo los británicos, muy reacios a ceder competencias a Bruselas, ya le han vetado alguna vez como presidente de la Comisión.

Por su parte, el ex candidato a la presidencia francesa José Bové y la alemana Ska Keller encarnan la doble candidatura que presentan Los Verdes a las elecciones. Este grupo representa a una variopinta amalgama de partidos, pues no solo aglutina ecosocialistas como Iniciativa per Catalunya sino también partidos regionales como Esquerra Republicana, el Bloque Nacionalista Gallego o los independentistas flamencos que podrían ganar las elecciones en Bélgica. Sin embargo, las encuestas no auguran demasiadas alegrías al conjunto de la izquierda alternativa que podría descender de cuarta a quinta fuerza política de la Eurocámara.

 

¿Euroescépticos o eurocríticos?

Marie Le Pen, Nigel Farage y Geert Wilders son tres nombres que muy probablemente no dejen dormir a más de un europeísta. Y es que los partidos populistas y ultraderechistas, especialmente aquellos que quieren diluir la Unión Europea, han sabido aprovechar la crisis económica para arañar votos. Actualmente en la Eurocámara hay dos grupos euroescépticos. No es casualidad que ambos tengan sus bases en el Reino Unido. Los Conservadores Reformistas, liderados por el Partido Conservador de David Cameron, son muy críticos con la integración europea y defienden el retorno de la soberanía a los Estados miembros. Pero no dejan de ser una formación muy moderada al lado del grupo Europa de la Libertad y la Democracia que, pese a su nombre, no solo quiere destruir la UE sino que también es un cultivo de partidos nacionalistas, ultraderechistas y xenófobos como Plataforma per Catalunya.

Se espera que esta familia europea vaya a crecer sustancialmente gracias al partido antiinmigración británico UKIP, del populista azote europeo Nigel Farage, que podría quedar como segunda fuerza en el Reino Unido. Pero este crecimiento ultraderechista y antieuropeo no es solo un problema británico. En Francia, algunas encuestas dan la victoria al Frente Nacional de Le Pen y también pisa muy fuerte el ultranacionalista Wilders en Holanda. Del mismo modo, entre los eurodiputados no adscritos a ninguna familia europea, también se espera el crecimiento de otros grupos populistas, no necesariamente de derechas, como el italiano Movimiento 5 Estrallas del showman antisistema Beppe Grillo.

 

El crecimiento de los euroescépticos puede radicalizar a formaciones más moderadas

 

El crecimiento de este tipo de partidos, que ocuparían una cuarta parte de la cámara, tendrá más de simbólico que no una traducción práctica. Sin embargo, hay que tener en cuenta que su simple presencia implica la entrada en la agenda pública de sus reivindicaciones. En algunos casos eso se traduce en un efecto contagio, en el que partidos más moderados absorben sus tesis para no perder votos. Así ha ocurrido ya en el Reino Unido, donde David Cameron se ha embarcado en un referéndum sobre la pertinencia en la UE para frenar su pérdida de votos hacia el UKIP.

No hay que confundir esas formaciones euroescépticas con otros grupos favorables a la integración europea pero muy críticos con las formas en las que se realiza. En esa postura se encuentra la Izquierda Unitaria Europea que presenta a Alex Tsipras para la presidencia de la Comisión. El líder de la griega SYRIZA ha encabezado la lucha de la izquierda rupturista contra la brutal política de recortes y austeridad que ha asolado al sur de Europa. Se espera que el grupo que concentra la Izquierda Unida española, die Linke alemana, el Sinn Féin irlandés o los partidos comunistas de Francia, Italia y Portugal, vaya a experimentar un notable ascenso en los comicios europeos.

 

Elaboración propia

¿Quién ganará en cada país? // Elaboración propia

 

¿Cómo meter a un continente dentro de un parlamento?

Organizar una fiesta de la democracia para 28 países no es tarea fácil, pues todos ellos tienen sus propias leyes electorales y días festivos. España ha tenido que atrasar el día de las fuerzas armadas para poder votar el domingo 25 junto a otros 21 países. Sin embargo, Reino Unido y Holanda acudirán a las urnas el día 22 porque cae en jueves. El sábado 24 están llamados los ciudadanos de Eslovaquia, Letonia y Malta, mientras irlandeses y checos tienen viernes y sábado para votar. En total, cuatro jornadas electorales para decidir la Europa que queremos. Pero los resultados no se darán a conocer hasta la medianoche del domingo dado que en Italia los colegios electorales cierran a las once de la noche.

La disparidad de jornadas electorales no es el único síntoma de la diversidad continental, y es que cada país tiene sus métodos para elegir a los eurodiputados. España lo hace mediante un sistema proporcional de listas cerradas en el que, al contrario de las elecciones generales, todo el territorio español actúa como una sola circunscripción. Los países nórdicos votan mediante listas desbloqueadas por lo que pueden invertir el orden de los candidatos. Es una medida que podría favorecer la participación. A los que no se podrá acusar de abstencionistas es a los votantes de Bélgica, Luxemburgo, Grecia y Chipre, donde el voto es obligatorio.

Será entonces cuando pueda iniciarse la octava legislatura europea. Ésta contará con 751 eurodiputados, capacidad máxima del parlamento establecida en el Tratado de Lisboa.  Los escaños que corresponden a cada país son asignados de modo proporcional según su población. Eso sí, la legislación europea exige un mínimo de 6 escaños para defender a los países más pequeños como Chipre, Malta, Luxemburgo y Estonia. De todas formas los cinco grandes Estados europeos – Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y España-  ocuparán prácticamente medio hemiciclo.

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