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9 de enero de 2016

Gregorio Morán: “Mientras no se conquiste el papel, lo demás es un sucedáneo”

Neus Suñer
Gregorio Morán durante la entrevista / Foto: Neus Suñer

Gregorio Morán durante la entrevista / Foto: Neus Suñer

 

En 1991, doce años después de que sacara una biografía más que polémica de Adolfo Suárez, Gregorio Morán (Oviedo, 1947) decide publicar un libro en el que cuestionó el periodo de la Transición española. “Con El precio de la Transición me dieron de hostias hasta en el carné de identidad, porque era la primera vez que alguien decía que aquello había sido una trampa”.

Ahora quieren reeditarlo porque se ha agotado. Con su nuevo libro, El cura y los mandarines, ha pasado algo similar. Planeta decidió no publicarlo días antes, ya que en el libro se analiza cómo pasaron los intelectuales españoles de ser antifranquistas a reaccionarios, y uno de ellos era el exdirector de la RAE, Víctor García de la Concha. Pocos días después del libro de Morán, Planeta publicaba la nueva edición del diccionario de la RAE.

A Planeta parecía que la publicación de ese libro le iba a suponer echar a perder los 450.000 ejemplares, como mínimo, de la nueva edición del diccionario. Censura económica, lo llama Morán. Para el resto de editoriales, tener la posibilidad de editar un libro de uno de los periodistas más críticos con este periodo, era toda una oportunidad.

 

¿Tienen realmente trascendencia en la sociedad actos de censura como el de su libro o la portada de El Jueves, por ejemplo?

Hombre, no creo que tenga ninguna influencia en la sociedad. En el caso de El Jueves sí que tuvo una cierta incidencia en los medios de comunicación pero tampoco en la sociedad. De las censuras hoy día, a diferencia de otras épocas, la gente pasa mientras no sea muy trascendente. La portada de El Jueves era de un tema goloso y tenía su morbo, pero en este tipo de cosas, la censura no trasciende.

También ha cambiado la censura. Es decir, antes era una censura política y ahora es una censura económica. En el caso de El Papus o de El Jueves, no, pero en mi caso es simplemente una censura económica: no les es rentable publicar un libro que afecta a otro colaborador del Grupo Planeta que les hará ganas muchísimo más dinero.

 

¿Realmente Planeta hubiera perdido tanto con la publicación?

Hombre, hubiera significado una ofensa. Un colaborador tan importante como Víctor García de la Concha les daba a ganar muchísimo más dinero del que les podía dar yo vendiendo mis ejemplares.

 

¿No podría haber costado más la biografía de Suárez?

Eso pensaba yo, pero creo que me equivoqué. Primero es que las cosas han cambiado mucho, no creo que para mejor, en ningún caso. El hecho de que las empresas sean más grandes, significan que tienen más intereses, y significa por lo tanto que su grado de movilidad es menor. Son elefantes, y a este tipo de elefantes, las moscas cojoneras, como puedo ser yo, les interesan más bien poco. Pero otro paquidermo que ayude a la empresa, pues sí.

Entonces, lo de Suárez salió con muchas dificultades pero salió. Y eso mismo se lo planteé a ellos: cómo era posible que en 1979 se consiguiera hacerlo salir y que la editorial lo respaldara. Y ahora por un mindundi —porque en definitiva es un personaje poco importante—, fuera posible montar toda la bronca que han armado. Quizás económicamente debe ser rentable, si no, no veo ninguna otra razón.

 

¿Existe la censura en España? La política, digo.

Por supuesto. Yo creo que existe la censura en todo el mundo. Vamos, sólo tienes qué preguntarte por qué en los periódicos de cada día ves las limitaciones de la libertad en China y no ves las limitaciones de la libertad en Arabia Saudí.

Existen además unos señores que orientan la información, porque los medios de comunicación no son más libres, sino que están mucho más condicionados. En este momento hay mucha gente preocupada  por las influencias en los medios, sobre todo en televisión. Un informativo de televisión en España, sea donde sea, Catalunya, Bilbao o en Madrid, es una negación del periodismo.

 

Ya no son los políticos los que dan las órdenes, sino a lo mejor alguien peor

Bueno, ahora son más. Antes eran sólo los políticos, pero ahora además de ellos tienes otra influencia, ya que todos los medios (salvo que yo sepa vuestro modesto medio) están empeñados. Puedes deber 20.000 euros, pero si debes  cantidades como los 5.000 millones de euros que debe el Grupo Prisa, pues claro, son cantidades que te obligan el día que muere Botín a dedicarle siete páginas. ¿Cómo no le van a dedicar siete páginas, si dependen de él?

 

¿El periodismo ha hecho su trabajo?

No. Ha hecho algún trabajo. En la primera etapa, desde la muerte de Franco a Suárez, hay más confusión; y donde hay más confusión hay más posibilidades de hacer cosas.

Sin embargo, este es un momento negro para el periodismo y los medios de comunicación en España. Un pequeño detalle, por ejemplo: España es el único país donde hay dos negaciones del periodismo civilizado.

Una, las tertulias. Es el único país donde funcionan las tertulias. Portugal lo ha intentado y no salió. Una cosa es que hablen representantes políticos, pero eso de que alguno hable de la subida del gas, de Irak, de “lo que toca hoy”… sólo funciona en España. Es como la revista ¡Hola!, es algo que se vende uniformemente en toda España.

La otra es una variable que se introduce a partir de una ley que no fuimos conscientes de que nos iba a hundir, que es la Ley de Defensa del Derecho al Honor, que se traduce en que todas las informaciones más arriesgadas o comprometidas van con siglas. Y así no se puede hacer periodismo, porque el lector se queda idiota, no se entera de nada.

Aquí el único nombre que puedes meter es el del abogado. El periodismo en España está limitado por el mundo de los abogados, que han hecho el mayor negocio. Yo creo que habría que poner una asignatura en periodismo que sea “cómo tratar con los abogados”.

 

Desde el momento en que un alumno reta al profesor porque gana bastante más dinero haciendo chapuzas que él dando clases, se produce una desproporción con consecuencias para la cultura

 

¿Hay medios en papel fuera de la Cultura de la Transición española?

¿En papel? Imposible, es una contradicción en los términos.

 

¿Hacen falta, habiendo medios potentes en Internet que escapan de la ideología tradicional?

Sí. Eso es un principio obvio que no me canso de explicar. Los medios virtuales son fundamentales para el futuro y para el presente. Si no tuviéramos estos medios, evidentemente estaríamos muy mal. Pero el poder, el de verdad, está en el papel. Mientras no se conquiste el papel, lo demás es un sucedáneo.

 

¿Y cómo se conquista el papel?

Pues cambiando la casta, para entendernos. Siempre dicen que un periódico es muy caro. Sí, lo es, pero es mucho más cara la televisión que los ha metido a todos en la ruina. Todos están quebrados, todos necesitan la ayuda, o bien de los bancos, o estás empeñado.

 

¿Qué le pasa a la cultura en España?

Pues que es heredera de un período muy malo. Manuel Azaña decía que los efectos de la Guerra Civil durarían cien años, y estamos en ello. Para la cultura y para todo. Falta eso que podríamos llamar el hummus cultural, que existe en otras sociedades, en la francesa o en la italiana por ejemplo, y que aquí no.

Aquí llegó la burbuja, llegaron un montón de cosas. La enseñanza media, por ejemplo, y la enseñanza primaria, se acabarán. Desde el momento en que un alumno retaba al profesor porque ganaba bastante más dinero haciendo chapuzas que él dando clases, pues claro, eso es una desproporción que tiene unas consecuencias en el mundo de la cultura enormes.

 

¿Y los intelectuales?

(Ríe) Murieron hace tiempo ya. A eso dedico el libro, sobre todo hasta el 96. Bueno, siempre hay intelectuales, esto es como los bomberos. Pero si los bomberos son malos, la casa se incendiará más.

Por supuesto que sigue habiendo. Bueno, hay gente que cobra como intelectuales. La existencia del intelectual tertuliano es una variante que conmueve a una sociedad. No hay sociedad que pueda aguantar a este intelectual tertuliano. Porque además la gente se lo cree.

 

¿Por qué hay esta obsesión por presentar la Transición española como un período modélico?

Había. Los protagonistas de la Transición y los periodistas de la época se hartaron de explicar que tanto ellos, como los políticos, el Rey… eran absolutos modelos de democracia, de transigencia. Ahora se ha demostrado que esto era una filfa.

La Transición tenía unas características tan peculiares que los propios protagonistas se hicieron reyes del mambo. Y la gente, que fue burlada de una manera increíble y que no desempeñó ningún papel, cuando les decían lo buenos que habían sido y el maravilloso papel que había jugado la sociedad durante la Transición, pues se lo creyeron, claro. Es una profecía autocumplida, que se dice ahora en plan pedante. Pero es así. Todo el mundo se sintió muy feliz del gran papel que habían desempeñado. ¿Y cuál es el gran papel? Ninguno.

 

Foto: Neus Suñer

Foto: Neus Suñer

 

 

¿Ha empezado un proceso de ruptura de régimen en España?

Hay un proceso de desencanto, pero de ruptura todavía no. El problema es que es muy difícil mantener una situación como la actual por mucho tiempo.

 

Pero llevamos manteniéndola desde hace mucho.

Sí. ¿En qué se parece el franquismo a la Transición? Haciendo así una pirueta ideológica, se parecen en las dosis de miedo: en el franquismo las dosis eran enormes, en la Transición también hay, aunque menores, pero se mantiene el miedo.

Miedo a volver a la situación anterior. De ahí la importancia que tuvo el intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981. De ahí también la victoria del PSOE, que parecía un partido que podía terminar con la inestabilidad, que dio seguridad.

¿Qué es lo que ocurre ahora? Hombre, es que ahora hay una generación que ya no tiene ese grado de miedo, lo tienen sus padres. Es algo muy significativo. ¿Por qué se están descubriendo en las cunetas cadáveres de la Guerra Civil y de la postguerra? Son los nietos los que están sacando a los abuelos.

Y eso es porque el miedo se ha quitado. Si tuviéramos que analizar un fenómeno como el de Podemos, ¿cuál sería su característica dominante? Pues que no tienen miedo como los otros grupos.

 

¿Realmente el miedo está cambiando de bando?

No, no. Qué más se quisiera que la casta, para utilizar la terminología de Podemos, tuviera miedo. Si yo fuera de Podemos diría que sí, porque es un auto orgullo, pero no. El otro día salieron en la televisión tres empresarios a los que se les preguntaba por si estaban preocupados por Podemos, a lo que ellos respondieron “bueno, si van a ganar ya encontraremos la forma para entendernos”.

 

Podemos en el Congreso, ¿supondría el principio del fin?

Primero tienen que entrar, luego ya hablaríamos. Entran en el Congreso, ¿cómo entran? En una campaña electoral, el adversario es implacable. Y esto no ha hecho nada más que empezar.

En esto sí que se van a unir los medios de comunicación y van a constituir un grupo de casta, porque ahí están sus intereses. Entonces ¿cómo ganas? Ahí es donde tiene importancia el poder, los medios de comunicación escritos. Y ahí no tienen acceso, va a ser muy difícil.

 

Si Catalunya fuera independiente, el Caso Palau adquiriría la importancia de unos trileros en las Ramblas

 

¿Se está viviendo, o se podría vivir una Transición 2.0 en Catalunya con el proceso independentista? El periodista Guillem Martínez habla de Cultura de la Transición a la catalana.

Hombre, la CT de Guillem. Lo de la CT que dice él me parece una parida. ¿Por qué? Porque no existió cultura en la transición. O más exactamente, no hubo transición en la cultura. Se pasó del franquismo a la democracia y a la monarquía, a la restauración, pero sin que eso significara un cambio en la cultura.

 

Entonces, ¿qué pasa en Catalunya?

Esto es otra cosa, quiero decir, lo de Catalunya no es un problema cultural. Qué más quisiera todo el mundo que fuera un problema cultural. El problema es complicado, es el de una sociedad que entra en crisis y donde los creadores de esa crisis se constituyen en sus mayores salvadores. Es una de las paradojas de la historia.

CiU, que es la causante fundamental de la crisis —por entonces no veía ningún problema de “Madrid nos roba”—, es la misma que propone ahora opciones políticas que garanticen primero su continuidad, y segundo su amnistía.

 

¿Su amnistía?

Sí, está claro que si Catalunya fuera independiente el Caso Palau adquiriría la importancia de unos trileros en las Ramblas.

 

¿Y Pujol?

Pujol volvería otra vez a sus estatuas. Se vio el otro día una escena periodísticamente preciosa  con Pujol. Cuando van a votar en ese divertido referéndum del día 9 de noviembre, hay un tipo que le aborda y que empieza a gritarle “Vergonya, vergonya!”. Pero entonces la cola sale en defensa del Molt Honorable. Pues claro, si esto ocurre en la calle, imagínate.

Hombre, se ha visto en la Comisión Parlamentaria. El hecho de que llamen a declarar a Felipe González y no llamen a declarar a Artur Mas, pues me parece una de las cosas más divertidas del mundo.

 

En un artículo suyo hablaba de la disolución de la izquierda en Catalunya. ¿Se ha disuelto con el proceso soberanista, o el problema ya venía de antes?

No hay que olvidar que la Transición si tiene una característica peculiar en Catalunya es que la izquierda aquí es hegemónica, la izquierda gana elecciones. Lo que hay que explicar es cómo se consigue pasar de ser los dominantes, además de una manera aplastante, a ser tan incompetente. El talento de los demás, lo dudo —de Convergència ninguno porque no lo demostró—.

Cómo ha sido tan incompetente la izquierda para dejarse, no solamente dominar sino absorber. Han conseguido que prácticamente la mitad del PSC esté situado en los aledaños de Convergència, y luego la invención de ERC, que era un partido que no existía. Llevaba montones de años vegetando.

 

¿Y Iniciativa per Catalunya?

Claro, un partido de izquierda que se llame Iniciativa per Catalunya es un folclore que sólo existe en España. Esto puede ser la Liga Norte de Italia. ¿Cómo se va a llamar un partido de izquierdas Iniciativa per Catalunya? Es una insensatez de nombre. Vamos, ni Convergència había llegado tan lejos. El partido de la izquierda, de la clase obrera y de la inmigración catalana se llama Iniciativa, se había perdido el norte. Hay un momento en que la izquierda en Catalunya pierde el norte, el este y el oeste.

 

¿Qué hay de la CUP?

Claro, la CUP… El papel de la CUP es muy difícil porque, en gran parte, es la base del nacionalismo catalán “de poble” y joven. Pero si la unidad popular está basada en los derechos patrióticos y no en la opresión que sufren como clase, pues es muy difícil.

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