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8 de enero de 2016

Después del 9-N: mandato democrático

Pere Sàbat
Foto: LaVeuPV

Foto: LaVeuPV

 

Traducción de Adrián Caballero. Lea el artículo original en catalán pinchando aquí.

Más de dos millones de votos. La jornada de movilización del 9 de noviembre fue un éxito se mire por donde se mire. A pesar de no ser una consulta, a pesar de las amenazas del Estado, la Fiscalía y la Delegación del gobierno, una inmensa muchedumbre acudió a dar su opinión sobre el futuro de Catalunya. Hace falta considerar diferentes cosas: primeramente, el president Mas se apunta un éxito y por primera vez des del 2012 lidera la agenda política con éxito y se desliga del liderazgo de facto que, hasta ahora, había ejercido ERC. Falta ver cómo evolucionan los hechos los próximos días y cómo se recomponen los escenarios pero el presidente catalán aparece de nuevo como el lider del “procés”.

En segundo lugar, la derrota sin paleativos del Estado que había jugado con todas las cartas disponibles para impedir la votación, y ha visto como desde Catalunya se obviaba totalmente su prohibición y seguía el camino trazado en un ejercicio de desobendiencia civil e institucional sin precedentes.

Por último, la imagen a nivel internacional da más aire al proceso independentista gracias a una jornada cívica y sin incidentes remarcables, más allá de los cuatro fascistas de siempre, que demuestran que el proceso tiene más de revuelta democrático que de nacionalismo étnico.

Seguramente habrá quien estará tentado de centrar el análisis en términos jurídicos. Grave error. Lo que pasa en Catalunya no tiene nada de problema jurídico sino político. Quien se empeñe en enfocar el conflicto en estos términos tiene las de perder, y comete un error que le imposibilitará comprender qué pasa realmente en el país. Y como problema político que es, hace falta responder como tal. El gobierno español ya ha anunciado que no irá en esta dirección e insinúa una querella contra el gobierno de la Generalitat. Es la típica reacción española: la de la humillación, de no negociación. La de vencer en vez de la de convencer.

 

El ‘procés’ tiene más de revuelta democrática que de nacionalismo étnico

 

El 9-N ha sido un éxito pero no ha producido ningún avance significativo hacia la independencia. Ha sido una gran movilización que ha generado un mandato político encarado únicamente a presionar a los partidos para que avancen etapas. Quien interprete que el 9-n permite a Mas obtener un cheque en blanco para gestionar el ‘post 9-N’ como quiera, que recuerde qué pasó después de la manifestación del 2012 y los resultados electores que le sucedieron.

 

MANDATO DEMOCRÁTICO

Si el 9-N no ha producido mandato democrático, debido a las limitaciones impuestas por las negativas del estado español por hacer un referéndum legal, se ha de buscar una manera para conseguirlo. El objetivo no es ‘la consulta’, sino más bien la ‘independencia’, por lo que se han de encontrar las formas para llegar a ella. Según el libro blanco del Consell Assessor de la Transició Nacional, de las cinco maneras para llegar al ejercicio de la autodeterminación, tan solo queda una: las elecciones llamadas “plebiscitarias”. Es este el escenario que hace falta encarar, y cuanto antes mejor. La legislatura iniciada el 2012 era la de la consulta. Una vez descarta y sustituida por el proceso participativo, hace falta abrir nuevos escenarios y éstos han de estar avalados por la ciudadanía.

Si se habla de plebiscitarias, la pregunta clave es: ¿Cómo se llega para hacer qué? Hay quien, en una dosis alta de partidismo y egoísmo, intenta condicionar el ‘quién’ antes del ‘cómo’ y el ‘qué’. Sería mejor no equivocarse. Las plebiscitarias se han de hacer siempre que sirvan para declarar la independencia y ejercer como Estado independiente. El ‘quién’ no es tan importante y, en todo caso, ha de responder a la maximización de votos, la claridad del programa y a una hoja de ruta compartida. No a salvaciones personales de nadie.

En resumen, el 9-N ha sido un éxito de movilización como lo fueron las manifestaciones multitudinarias de los últimos años. El independentismo sale reforzado y debe encarar la siguiente etapa del proceso que se entrevé definitiva: las elecciones de caracter decisorio para comprobar si existe la mayoría independentista y, en caso de que así sea, que esta mayoría parlamentaria ejerza la soberanía hasta las últimas consecuencias.

Pere Sàbat es periodista y politólogo

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