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2 de marzo de 2016

El futuro económico de China a corto plazo

Adrián Caballero

China

 

Económicamente hablando, China no ha parado de crecer desde la década de los 60. Incluso los primeros años del siglo XXI, el gigante asiático crecía a un ritmo anual de dos dígitos. Sin embargo, desde el año 2010 está experimentando una caída en su crecimiento. Es decir: China sigue creciendo a un ritmo envidiable para muchos otros países pero cada vez es un ritmo menor. La pregunta que se hacen muchos es si la tendencia hará que China tenga lo que algunos llaman un “duro aterrizaje” o por el contrario encontrará la estabilidad.

 

DESACELERACIÓN ECONÓMICA

Vamos con lo más sorprendente de lo que le ocurre a la economía China actualmente. Como ya hemos comentado, si bien hace 6-7 años su Producto Interior Bruto (PIB) crecía a un ritmo de un 10%, ese crecimiento ha ido a la baja, siendo los datos del 2014 de un 7,5%. Las razones sobre esta desaceleración –bien utilizado aquí el término ya que no hablamos de una recesión- son de sentido común: la crisis económica ha frenado el consumo de muchas potencias, con lo que las exportaciones chinas se han reducido significativamente.

 

La crisis en la UE y Estados Unidos junto a la pérdida de competitividad respecto a sus vecinos a provocado la desaceleración china

 

Si alguien se pregunta si el crecimiento de las potencias emergentes –Brasil, Rusia, India, México…- ha compensado el descenso la UE y Estados Unidos, la respuesta es no. Según Andrés Contreras, profesor de ESADE y la Universidad de Barcelona (UB), “la mayoría de estos países [emergentes] son muy proteccionistas en lo que se refiere a la producción local”. Contreras explica que “prácticamente todos estos gobiernos han protegido a sus empresas con aranceles mínimos del 20% a los productos asiáticos”. Es comprensible, pues, pensar que China no puede mirar a las demás potencias emergentes –los famosos BRICS de los que forma parte- para compensar el freno de sus exportaciones.

Por otro lado, hemos de señalar que China ya no es tan competitiva en precios como lo era hasta hace poco. La producción se empieza a deslocalizar a países como Bangladesh con sueldos más competitivos, por no decir inhumanos. Estos países empiezan a hacer la competencia a China como “la fábrica del mundo”.

 

POR QUÉ CRECER A UN 7,5% ES UN PROBLEMA

China crece a un 7,5% anual y aun así muchos analistas y gobiernos expresan su preocupación por la economía del país. En el fondo, el destino de Pekín es el destino de las economías del resto de países. La cuestión es cómo puede ser preocupante crecer a un ritmo tan increíblemente alto. Pensemos que países de la UE como España crece a un 1%, mientras que Alemania y Francia crecen incluso a un ritmo menor.

La respuesta la encontramos en el modelo productivo. Como señala el profesor Andrés Contreras en su blog, una economía competitiva –Estados Unidos, Alemania, España…- necesita crecer aproximadamente a un 3% para crear empleo y generar riqueza. El modelo productivo de China le obliga a crecer, según los estudios, a un 7,2%. Esto es así porque el modelo planteado por Pekín depende de la creación anual de 10 millones de puestos de trabajo. De ahí la necesidad de este crecimiento brutal.

Es evidente que cuando China crecía a un ritmo de dos dígitos no había motivo para la preocupación –eran los años en que China pasó de ser la séptima economía a la segunda de forma meteórica-. Ahora que el crecimiento se sitúa en un 7,5% muchos empiezan a ponerse nerviosos y a preguntarse si esto es el indicador de una situación más grave en el futuro o un simple bache.

 

CHINA SEGUIRÁ CRECIENDO… PERO DE OTRA FORMA

Expertos como Stephen Green o Nicholas Lardy señalan que no hay porque estar alarmados. Confían plenamente en las reformas emprendidas hace casi un año por el Partido Comunista Chino, liderado por Xi Jinping. No en vano, diarios como El País califican esas reformas como “las mayores reformas económicas y sociales en décadas”.

A Pekín se le plantean diferentes retos. El primero es aumentar el consumo y hacer más grande la clase media china, que cada vez tiene mayor poder adquisitivo. Para ello –y para dar respuesta al consumo, también- necesita trasladar más parte de la población (se estima en un 70%) del campo a la ciudad. El principal impedimento, el permiso de residencia en la ciudad o hukou, ha sido modificado para suavizar las condiciones de acceso de esa parte de la población que, de no tener el permiso, vería limitados sus derechos al vivir en la ciudad.

 

Las reformas van encaminadas a aumentar el poder adquisitivo de los ciudadanos y a atraer al 70% de población a las ciudades, aunque también plantean retos importantes

 

Para compensar la baja competitividad del país en los productos de baja tecnología, China ya está implantando un giro hacia productos y servicios de mayor tecnificación, mejor remunerados y destinados a su nueva clase media y alta, que cada vez tiene un mayor poder adquisitivo.

Sin embargo, conseguir todo esto puede llevar precisamente al incremento de la desigualdad en el país, que ya se empieza a notar. El principal miedo de Xinping y su administración es que el incremento de la riqueza de los habitantes de las principales ciudades no implique un aumento de precios en la vivienda que cree una burbuja inmobiliaria como la que ha provocado la mayor crisis económica mundial que ha vivido el mundo en décadas. Por otro lado, el otro reto importante que afrontará China es el de rebajar las tensiones sociales y la desigualdad que provocarán las diferentes ambiciosas reformas económicas.

Para llevar el tren con relativa calma por la vía correcta, Jinping tratará de utilizar las reformas sociales, las más reformistas desde tiempos de Mao, para mantener las condiciones de vida y sociales de una China con cada vez un crecimiento más moderado pero una sensación de mayor poder por parte de sus ciudadanos.

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