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2 de marzo de 2016

Arabia Saudita: sucesión de Rey y de retos

Eduard Ribas
El flamante monarca saudí Salman bin Abdul-Aziz Al Saud

El flamante monarca saudí Salman bin Abdul-Aziz Al Saud

 

No es casual que Arabia Saudita lleve el nombre de su familia real. Desde la fundación del país en 1932, los Saud han gobernado gran parte de la península arábiga a su antojo imponiendo los preceptos del wahabismo, una rama fundamentalista del Islam suní. Sus inmensas reservas de petróleo le han permitido erigirse como la gasolinera de Occidente y convertirse en el mayor aliado de Estados Unidos en el Golfo pese al poco respeto de los Saud hacia los Derechos Humanos. Así pues, la estabilidad del país es la gran herencia recibida por el flamante monarca Salman, quien deberá hacer frente a las nuevas amenazas que cuestionan la influencia saudí en Oriente Medio.

La muerte por neumonía del rey Abdalá de 90 años, anunciada por la televisión estatal el pasado jueves, no ha sorprendido a nadie. La gerontocrática Arabia Saudita está acostumbrada a monarcas octogenarios debido a un sistema de sucesión en el que la corona es heredada entre hermanastros.

 

Arabia Saudita está gobernada por reyes octogenarios mientras que la mayoría de la población no supera los treinta años

 

Abdalá accedió al trono en 2005 aunque gobernaba de facto desde 1995 debido a la apoplejía sufrida por el entonces rey Fahd. Y su heredero, Salman, ha sido coronado este fin de semana a los 79 años de edad en un país donde dos tercios de la población no llega a la treintena. La única novedad es el tímido cambio generacional dado que por primera vez el príncipe heredero es un nieto y no un hijo del rey Saud, padre fundador de Arabia Saudita.

 

¡EL REY HA MUERTO!

El perecido monarca ha sido tachado de reformista dentro de lo que cabe en la ultraconservadora élite saudita. Ante la presión social de una población cada vez más joven, Abdalá optó por aumentar los gastos sociales, construyó universidades, introdujo Internet-aunque con censura- y abrió el país a la inversión extranjera. Con cuatro esposas y 15 hijas, mostró algo de sensibilidad hacia las mujeres en un país donde no pueden salir solas a la calle, y les permitió votar en las elecciones municipales así como su presencia en el Consejo de la Shura, una asamblea con nula capacidad de decisión en una monarquía absoluta como la saudí.

Algunos analistas coinciden en que la timidez de sus reformas se ha debido a la oposición de los líderes religiosos. Pero ello no quita las 87 decapitaciones públicas del año pasado, la detención de varias mujeres por conducir o la condena de un bloguero a mil latigazos por “insultar al Islam”.

Por contra, el régimen saudí bajo el reinado de Abdalá ha llevado a cabo una intensa acción diplomática. Arabia Saudita ha desplazado a Egipto como interlocutor entre Israel y Palestina para lograr la paz en Tierra Santa. También ha hecho grandes esfuerzos para liberarse del fantasma yihadista, puesto que la mayoría de los autores del 11-S, incluído Osama Bin Laden, eran saudíes.

El analista James Rickards analiza en CCTV el futuro de Arabia Saudí tras la muerte de Abdullah (en inglés)

 

Pero la mayoría de esfuerzos se han concentrado en mantener una pugna con Iran para lograr la hegemonía regional. Los saudíes están convencidos de que los ayatolás intentan exportar su modelo chií a la península arábiga y ven su mano tras cada protesta y conflicto en la región. Por ello Arabia Saudí ha tratado de boicotear las revueltas árabes en países aliados como Egipto y ha financiado la oposición siria para tumbar a El Asad, un gran amigo de Irán.

 

¿LARGA VIDA AL REY?

“Arabia Saudita no puede ser una democracia porque cada tribu formaría un partido provocando el caos”. Si alguien tenía esperanzas de que la transición real llevase consigo cambios en el régimen saudí ya puede ir olvidándose de ello puesto que esta frase se le atribuye al nuevo monarca. Salman, fiel amigo de Juan Carlos de Borbón, no solo no es un reformista si no que se opuso a las tímidas reformas de su antecesor. A sus 79 años, ha sido durante cinco décadas gobernador de la capital, Riad, y desde 2011 ha ocupado el ministerio del Interior luchando contra el terrorismo.

 

Salman: “Arabia Saudita no puede ser una democracia porque cada tribu formaría un partido provocando el caos”

 

Son muchos los rumores que apuntan a su delicada salud, pero Salman tendrá que lidiar con eso y replantear la histórica alianza con EEUU, que en los últimos años ha venido a menos. La amistad que les unía forjada mediante generosos acuerdos energéticos se ha visto tocada por las conversaciones que desde hace un año mantienen Washington y Teherán para frenar el programa nuclear iraní y combatir el Estado Islámico. Pero Salman no estará solo. Riad tiene en Tel Aviv y en el norteamericano Partido Republicano potentes aliados con quienes presionar a Obama para que no ceda concesiones ante el régimen de los ayatolás.

Pero el desafío más urgente que tiene Salman sobre la mesa es la caída de los precios del petróleo. Arabia Saudita, mayor productor mundial de oro negro, ha provocado que el barril de crudo se sitúe por debajo de los 50$ para debilitar la economía iraní y hacer menos rentable el fracking norteamericano. Sin embargo a medio plazo, esta política de precios bajos también afectará a Arabia Saudita ya que la inversión en servicios sociales para evitar revueltas internas depende de los enormes ingresos petroleros saudíes. ¿Larga vida al Rey?

 

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