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27 de marzo de 2016

¿Por qué Escocia puede alterar el sistema político británico?

Eduard Ribas
Nicola Sturgeon y el premier David Cameron en el debate electoral emitido por ITV

Nicola Sturgeon y el premier David Cameron en el debate electoral emitido por ITV

 

“Estas elecciones son una oportunidad para cambiar el sistema de Westminster y servir mejor a los ciudadanos”. Así de contundente se mostraba Nicola Sturgeon en el último debate electoral televisado celebrado en Reino Unido sobre las elecciones del próximo jueves. Y es que la líder del Partido Nacionalista de Escocia (SNP) ha visto cómo desde que perdieron el referéndum independentista en septiembre y relevó a Alex Salmond al frente del SNP, el apoyo a los independentistas escoceses se ha disparado.

 

El sistema de Westminster

El politólogo Arend Lijphart, experto en sistemas políticos comparados, estableció distintos tipos de regímenes democráticos. El llamado “sistema mayoritario” está inspirado en el Reino Unido y a grandes rasgos se basa en los siguientes puntos: los gobiernos suelen estar formados por un solo partido, en el Parlamento hay dos grandes formaciones que se alternan en el poder (Conservadores y Laboristas) y la competencia electoral gira en torno al eje socioeconómico. Todo ello se ve reforzado por un sistema electoral mayoritario en el que cada circunscripción elige a un solo diputado premiando así a los grandes partidos.

Dichas características pertenecen a un modelo ideal que no siempre se cumple a rajatabla. Sin ir más lejos, David Cameron ha tenido que gobernar los últimos cinco años con los liberaldemócratas puesto que ganó sin mayoría absoluta. Pero ¿qué es lo que puede hacer Sturgeon para alterar este sistema con un partido regional que no se presenta en todas las circunscripciones del Reino? Veámoslo.

Resultados electorales de las elecciones generales del Reino Unido en Escocia /TRIBUNA INTERPRETATIVA

Resultados electorales de las elecciones generales del Reino Unido en Escocia /TRIBUNA INTERPRETATIVA

 

Como se ve en el gráfico, los nacionalistas escoceses nunca han tenido un gran papel en las elecciones generales al Parlamento de Westminster. Y es que la mayoría de escoceses han hecho uso de un voto dual de modo que, mientras en los comicios al Parlamento de Escocia votaban al SNP, en las generales se decantaban por el Labour Party para frenar a los Conservadores. Sin embargo, todo este esquema se ha visto alterado en los últimos sondeos.

Ipsos Mori apunta que el SNP triunfaría en las elecciones de este jueves con un 54% de los votos. Esto podría suponer que en el reparto de escaños se hicieran con todos – o casi todos- los diputados que Escocia envía al Parlamento de Londres puesto que el SNP se impondría en todas las circunscripciones escocesas. Así pues, el partido de Surgeon pasaría de seis a más de 50 escaños. Algo insólito e histórico puesto que, de ser así, condicionará el próximo gobierno británico.

 

¿A qué se debe este apoyo?

Aparte de las buenas dotes comunicativas de Sturgeon, los analistas atribuyen las enormes expectativas del SNP al resultado del referéndum por la independencia. Y es que los partidos de Londres prometieron más competencias para Escocia si se quedaba en el Reino Unido y, hasta ahora, no se ha visto nada de ello. Además, el SNP es un partido de corte socialdemócrata visto como un baluarte del Estado del Bienestar contra los recortes que ha aplicado Cameron desde Londres.

 

 

Paradójicamente, el espectacular crecimiento de los independentistas escoceses en el Parlamento de Londres podría resultar contraproducente para su gran objetivo: desalojar a los conservadores del número 10 de Downing Street. Y es que si el SNP arrasa en Escocia, los laboristas perderán uno de sus bastiones más importantes. Del mismo modo que en España el PSOE necesita ganar en Cataluña para arrebatar La Moncloa al PP, Ed Miliband necesita Escocia para ganar a David Cameron.

Y aunque los laboristas nieguen cualquier tipo de pacto postelectoral con los nacionalistas, puede que no les quede otra opción. Sea como sea, por primera vez un partido regional puede alterar el bipartidismo, condicionar el gobierno de Londres e introducir con más fuerza demandas nacionalistas en la agenda política británica. A lo que hay que sumar el crecimiento de partidos pequeños como el UKIP o Los Verdes. ¿Es el fin de Westminster?

 

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