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28 de noviembre de 2015

Joan Miquel Piqué: “No sirve de nada que se creen miles de empresas si se cierran al día siguiente”

Adrián Caballero
Joan M. Piqué, autor del libro 'El Mapa, un viaje empresarial' en su despacho / Foto: Tribuna Interpretativa

Joan M. Piqué, autor del libro ‘El Mapa, un viaje empresarial’ en su despacho / Foto: Tribuna Interpretativa

 

Cuando a uno le toca entrevistar a un economista, piensa que tanto la persona como los temas a tratar van a ser aburridos. Con Joan Miquel Piqué es todo lo contrario. Este joven economista y empresario explica las cosas de manera sencilla y, además, consigue que, al final de la entrevista, estemos motivados “a pesar de la que está cayendo” para montar una empresa, seguir adelante con nuestros proyectos o, simplemente, pensar que se pueden conseguir cosas en estos tiempos difíciles. Es un creyente nato de la gente joven hiperpreparada -los llamados Millenials-, es coach de la Business School de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y socio del think tank Maurilia Knowledge. Pero lo más importante para nosotros es que es columnista habitual de Tribuna Interpretativa y que acaba de sacar un libro muy motivador y rápido de leer, ‘El Mapa, un viaje empresarial’, donde desgrana los puntos básicos que hemos de tener en cuenta si queremos ser emprendedores o tenemos un proyecto en mente o ya en marcha.

 

¿A quién va dirigido ‘El Mapa’?

A cualquiera de los miles de emprendedores que tienen un proyecto empresarial en su cabeza y quieren desarrollarlo, pero tienen dudas sobre como afrontarlo, y a cualquier pequeño empresario o empresaria, de aquellos que tienen que luchar con el duro día a día que supone sacar adelante una pyme. Me gustaría contribuir a que estén más seguros, más tranquilos, y naturalmente a que su empresa funcione mejor y gane dinero.

 

En el libro hablas de siete puntos clave en la empresa. Como asesor de emprendedores y empresas, ¿cuál crees que cuesta más tener claro o al que los empresarios le dan menos importancia?

Hay dos aspectos en los cuales nos equivocamos muy frecuentemente, porque los solemos dar tan por descontados que no les prestamos la suficiente atención y reflexión: el modelo de negocio, y las personas que forman parte del proyecto. En primer lugar, toda empresa debe tener claro como gana dinero, cual es su propuesta de valor, cual es su ventaja respecto a la competencia. En términos sencillos, por qué alguien va a abrir su cartera y darnos su dinero, y como conseguimos que lo haga más de una vez. Si no tenemos eso claro, venderemos por casualidad, lo cual es muy peligroso para nuestra supervivencia. Y en segundo lugar, cualquier proyecto tiene su éxito o fracaso en las personas que forman parte de él; debemos ser muy cuidadosos al elegir compañeros de viaje, debemos tener claro como distribuimos funciones y responsabilidades, como hacemos que esas personas estén comprometidas e ilusionadas con el proyecto, como conseguimos formar un verdadero equipo y como lo mantenemos avanzando en una misma dirección. Las personas siempre son la parte más valiosa de un proyecto, pero también, de largo, la parte más complicada e inestable.

 

¿Qué cuesta más: fijar o mantener el rumbo?

Mantenerlo, sin ninguna duda. Empezar es relativamente sencillo, sobretodo por la adrenalina de los comienzos, pero aguantar y avanzar a través de la montaña rusa que supone mantener viva una empresa… Eso es mucho más complicado, porque debemos tener en cuenta que el 90% de tu trabajo como empresario no es nada glamuroso, no se trata de tomar grandes decisiones, sino de solucionar problemas insignificantes, pesados y aburridos. Ahí es donde hay que tirar de ilusión, de visión de conjunto, y de paciencia, para que le día a día no te haga perder la perspectiva y te encuentres atrapado en una maraña de cosas que no te gusta, que no es lo que querías y habías imaginado.

 

¿Es momento de hacernos todos emprendedores? Hay bastantes críticas sobre esto…

Hay dos razones equivocadas para convertirse en emprendedor: como escapatoria porque crees que nadie te va a dar trabajo, y porque está de moda. Debemos volver a la lógica y el sentido común. Una secuencia más correcta sería: tengo una idea de negocio que me ilusiona, lo he estudiado y parece que podría funcionar, creo que tengo las condiciones y habilidades para ponerla en marcha, tengo los recursos suficientes para empezar a producir y a competir en el mercado, creo que es buen momento para que dedique todo mi tiempo profesional a este proyecto, y no soy el único que cree en la idea, con lo cual, creo que puedo tener buenos socios. Si estamos en condiciones de llevar a cabo esta secuencia, seguramente estamos en el buen camino; si nos falla por algún eslabón y no tenemos manera de solucionarlo, quizá seamos alguno de los miles de emprendedores empujados a serlo por la irresponsabilidad de aquellos que no saben hacer su trabajo y nos externalizan las decisiones que deberían tomar ellos.

 

Hay dos razones equivocadas para convertirse en emprendedor: como escapatoria porque crees que nadie te va a dar trabajo, y porque está de moda

 

Aunque emprendedor suene muy bien, en realidad muchos de ellos son autónomos. Y a pesar de la nueva reforma fiscal, los autónomos no son precisamente un colectivo con las cosas fáciles en España. ¿Qué debería cambiar para facilitar la creación de más empresas?

En este aspecto quizá tenga una opinión un poco atípica: creo que no se debe facilitar la creación de empresas. Creo que no tiene sentido que se pueda crear una empresa en 10 minutos, por internet, y digamos que con eso se favorece la actividad económica y el crecimiento empresarial. No me sirve de nada que se creen miles de empresas cada día, si se tienen que cerrar al día siguiente. Lo que puede ser realmente estimulante es que se ayude a que las empresas funcionen, se mantengan y crezcan. Y eso puede ser muy sencillo: ¿por qué no hacer que las pymes de menos de 5 trabajadores no paguen Impuesto de Sociedades durante sus (por ejemplo) tres primeros años de vida? ¿Por qué no hacer que los socios de ese tipo de empresas tengan deducciones fiscales en su IRPF? ¿Por qué no reducir al mínimo las cuotas de autónomos de ese tipo de profesionales? (no durante los primeros meses, para sacarles del paro, sino también después, cuando tienen que luchar por sobrevivir). ¿Por qué no hacer una “política de rentas empresarial”? Es decir: igual que las personas con mayor nivel de renta contribuyen en mayor medida a proveer los servicios básicos (salud, educación) de aquellos con menor nivel de ingresos, por qué las empresas con mayores beneficios no pueden contribuir a que las que lo pasan peor lo tengan más fácil? Necesitamos soluciones rigurosas, pero imaginativas.

 

En el libro, igual que en Tribuna Interpretativa hace unos meses, hablas de los Millenials, una generación joven y muy bien preparada, especialmente en lo tecnológico. ¿Tienen madera, y las ganas, de emprendedores esta generación? ¿Supone, pues, un grave problema para la economía dejar escapar talento joven que se marcha en busca de trabajo fuera?

Los Millenials tienen una escala de valores diferente a la de los babyboomers (porque han crecido en un entorno mucho más confortable), y en esa escala de valores, el dinero y la economía son un instrumento, no un fin. Por eso, utilizaran la empresa si creen que puede servir a sus objetivos; o pueden utilizar cualquier otra forma que les sirva. Igual que ya han decidido que los gobiernos y los partidos políticos no les son útiles para su proyecto de sociedad. En este sentido, los Millenials son muy emprendedores porque tienen iniciativa y confianza, pero eso no implica que elijan la empresa como instrumento para cambiar el mundo. Y para un país, naturalmente, supone una pérdida importante que se marche la generación que deberá empezar a asumir el poder y la responsabilidad en menos de una década.

 

Da la sensación que pronto se incrementará el número de lo que en el libro llamas “excelentes profesionales, empresarios inexpertos”. ¿Qué le podemos decir a estos profesionales preparados y con experiencia pero que no se habían embarcado hasta ahora en un viaje empresarial?

Debemos informarles y mentalizarles de algo que va a suponer un proceso muy difícil para la mayoría de ellos, que va a ser incluso traumático: si quieren ser empresarios, van a tener que dejar de ser esos excelentes profesionales en su campo. Producir, dirigir y gestionar es incompatible en la mayoría de los casos. Si quieren seguir ejerciendo su profesión, que se “compren” un director general y un gerente. Y si quieren llevar las riendas de su empresa, que contraten a buenos profesionales y no se entrometan en su trabajo.

 

Sobre los que empiezan, al entrevistar al publicista y escritor Risto Mejide, nos comentó su ‘teoría del cuarto oscuro’ (dar, dar y dar con la esperanza algún día de recibir) en referencia a mostrar primero que vales sin preocuparte de pedir dinero hasta no ser valorado. ¿Estás de acuerdo? ¿Puede ser la ruina de la empresa o, simplemente, una buena estrategia de marketing?

Una cosa es asumir un cierto coste para entrar en un mercado que te interesa o trabajar con un cliente con visión de largo plazo, y otra muy distinta aceptar trabajar gratis para alguien que se aprovecha de tu situación. Como parte de una estrategia de marketing ordenada, puede ser razonable fidelizar a través del incentivo, o aportar tu esfuerzo para ganar experiencia. Pero depende mucho de tu actividad y tu mercado: puedes regalar impresoras si tu negocio está en los cartuchos, o puedes hacer una happy hour, pero hay que ir con mucho cuidado con convertir el precio de rebajas en el precio de temporada. Y en este sentido, hay que tener muy claro cual es tu valor de mercado.

 

¿Crees que una buena idea, si tiene claro los siete puntos de ‘El Mapa’, no ha de preocuparse por el contexto económico?

El momento perfecto, sin riesgo, no existe. En el libro explico que es importante saber en que contexto te mueves, informarte bien, saber aplicar ese conocimiento a tus decisiones, e intentar aprovecharlo. Igual que, para explicarlo de manera sencilla, aparecen por la calle vendedores de paraguas en días de lluvia, a precios claramente superiores al mercado. Como han aparecido con fuerza, en sentido más genérico, las empresas de economía colaborativa en el contexto de la crisis. Si crees que hay alguien que tiene una necesidad y dinero para satisfacerla, y tu estás en condiciones de hacerlo, el contexto puede jugar un papel secundario.

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