30 de enero de 2014

La doctrina Kerry pasa por Israel y Palestina

Eduard Ribas
John Kerry con el ministro de Justicia israelí y la negociadora palestina

John Kerry con el ministro de Justicia israelí y la negociadora palestina

 

Henry Kissinger, Colin Powell, Condolezza Rice o Hillary Clinton son nombres ampliamente conocidos por el gran público. Y es que la jefatura diplomática de Estados Unidos es uno de los cargos más relevantes a nivel internacional. Todos ellos, al llegar a su despacho del Harry S. Truman Building, encontraron encima de la mesa un amplio dosier bajo el título Israel y Palestina. El actual secretario de Estado, John Kerry, no quiere emular a sus predecesores que por hastío relegaron dicho dossier a un cajón. John Kerry se ha tomado la paz entre israelíes y palestinos como su cruzada personal.

¿Quién es John Kerry?

Se cumple un año desde que el Ejecutivo estadounidense se despedía de una cara memorable como la de Hillary Clitnon, pero incorporaba a alguien con no menos experiencia en la política norteamericana. Con su nombramiento, Barack Obama le devolvía el favor a John Kerry, quién confió en él para abrir la convención demócrata de 2004 cuando por entonces era un senador desconocido.

Nacido  en Colorado y criado en Massachusetts, Kerry es un condecorado veterano de la guerra del Vietnam destacado por sus críticas contra la gestión de la administración norteamericana en dicha contienda militar. Tras la guerra, Kerry ingresó a la fiscalía del condado de Middlesex  y se postuló a inicios de los ochenta como vicegobernador y senador demócrata del Estado que lo vio crecer.

Kerry fue un destacado crítico con el papel de los Estados Unidos en la guerra del Vietnam

Una vez en Washington, ocupando su sillón de legislador, Kerry se ganó la reputación de independiente al desmarcarse de su partido en más de una ocasión. Llegó a presidir la comisión de exteriores de la cámara Alta y ganó las primarias demócratas a la presidencia. Su gran derrota política llegó en 2004 al no poder evitar un segundo mandato de George Bush tras una campaña que giró en torno a la guerra de Irak.

Y es que tantos años dedicados a la política internacional desde el Senado, han desarrollado en Kerry una fuerte vocación por el Oriente Próximo. En 2009 fue enviado a Kabul para convencer a Karzai que se presentase por segunda vez a las elecciones afganas. También viajó a Pakistán para calmar los ánimos tras el asesinato de Bin Laden. Pero Kerry tiene claro que quiere hacer historia y su oportunidad pasa por lograr la paz entre Israel y Palestina, asunto del que se había alejado Hillary Clinton para evitar nuevas frustraciones.

 

El plan: dos Estados

Son enésimos los viajes realizados por Kerry a Jerusalén y a Ramala – capital provisional de la Autoridad Nacional Palestina – adornados bajo un discurso optimista sobre un supuesto acuerdo de paz. Kerry defiende ante Benjamín Netanyahu y Mahmud Abbas un documento con ciertas reminiscencias  a la resolución 242 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas: el acuerdo se sustenta en ofrecer a palestinos el retorno  a las fronteras de 1967 a cambio de que reconozcan un Estado judío plenamente soberano.

¿A qué se refiere un retorno a las fronteras del 67? La creación del Estado judío de Israel en tierras palestinas supuso hasta cuatro guerras con los pueblos árabes vecinos, ya sean palestinos, egipcios, jordanos, sirios o libaneses. La que más alteró las fronteras de la zona fue la tercera guerra araboisraeliana o guerra de los Seis Días. En dicho conflicto los israelíes ocuparon los dos territorios palestinos – la franja de Gaza y Cisjordania, incluido Jerusalén Este – así como la península egipcia del Sinaí y los altos del Golán sirios.

 

Evolución de las fronteras entre Israel y Palestina

Evolución de las fronteras entre Israel y Palestina

 

El Sinaí sería devuelto a Egipto en los acuerdos de Camp David. Sin embargo, no ocurrió lo mismo con Cisjordania y la franja de Gaza. En los acuerdos de Oslo de 1993 entre el israelí Isaac Rabin y el palestino Yassir Arafat, se inició una liberación progresiva de tierras palestinas que empezó en las grandes ciudades – Jericó, Ramala o Gaza – y que debería haberse culminado con el establecimiento de un gobierno palestino independiente en el territorio perdido antes de la guerra. Pero las presiones extremistas de ambos lados impidieron que así fuera, de modo que palestinos no reconocieron el Estado de Israel e israelíes no han cesado en la construcción de colonias o asentamientos judíos en Cisjordania. Lo que supone infringir la máxima internacional que prohíbe la alteración de un territorio ocupado.

 

¿Es viable un acuerdo?

Pese el optimismo de Kerry, es mucho lo que separa de la propuesta de Washington a las autoridades implicadas. Si Netanyahu aceptara retirarse de Cisjordania y ceder el este de Jerusalén como capital de Palestina, los ultranacionalistas de Casa Judía y el ala derecha del Likud harían reventar la coalición de gobierno. Además, también hay enormes discrepancias sobre el control fronterizo de ambos Estados que propone Kerry, sobretodo en la zona del Valle del Jordán.

Si Netanyahu aceptara ceder ante los palestinos, los ultranacionalistas israelíes romperían la coalición de gobierno

Israel no solo exige su presencia en las inmediaciones del río porque sea vital para su abastecimiento de agua,  sino que también quiere estar militarmente presente en las fronteras con Jordania. En palabras del ministro israelí de Inteligencia Yuval Steinitz, “si abandonamos esa zona, los grupos terroristas islamistas entrarán con facilidad a Cisjordania para atacar a Israel”. El presidente palestino, sin embargo, no está dispuesto a que se vulnere la soberanía palestina con la presencia militar israelí en sus fronteras. Hay que tener en cuenta que Abbas también recibe presiones internas y se resiste a convocar elecciones por el miedo a un triunfo de los radicales de Hamás que imposibilitaría cualquier acuerdo.

 

Una gestión de irregular

En este primer año al frente del Departamento de Estado sin duda alguna han habido otros asuntos más que relevantes. Kerry fue una pieza fundamental para retomar contactos con Irán, lo que finalmente se saldó en un acuerdo histórico para poner fin al programa nuclear de Teherán. Pero frente a un triunfo, dos fracasos diplomáticos mancharon su gestión: el intento fallido de intervenir en Siria y el caso de espionaje a países aliados.

Pese a haber sido un secretario de Estado de consenso, Kerry conserva buenas amistades entre las filas republicanas como John McCain, no se ha librado de las críticas. Se le ha acusado desde el Departamento de centralizar la gestión en su persona y de déficit de atención diplomático. Es decir, cambia de un tema a otro sin atender a una estrategia clara. Sea como sea, Kerry no quiere caer en la irrelevancia. En un discurso ha afirmado que ha terminado la era de la doctrina Monroe. Y es que la política exterior de Estados Unidos ha iniciado la era de la doctrina Kerry.

 

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