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7 de enero de 2016

Los afectados de la Talidomida en España siguen esperando justicia

Adrián Caballero
Manifestación con motivo del juicio de la Talidomida en 2013 / Imagen: RTVE

Manifestación con motivo del juicio de la Talidomida en 2013 / Imagen: RTVE

 

A finales de la década de los 50 y durante la de los 60, la Talidomida, un medicamento cuya patente pertenecía a la farmacéutica alemana Grünenthal, fue comercializado –con diferentes nombres- alrededor del mundo a mujeres embarazadas con el objetivo de calmar sus dolores. Era un sedante que aliviaba las molestias que sienten las embarazadas. Los bebés de alguna de las mujeres que tomaron Talidomida nacieron con malformaciones conocidas como focomelia –falta de extremidades o excesivamente cortas-.

Tras unas investigaciones que ligaban el medicamento con las malformaciones, el medicamento se retiró de la venta a nivel mundial en 1961. Al menos en teoría, ya que en España se pudo adquirir bastante tiempo después. Nacieron en la época unos 10.000 neonatos afectados de focomelia, 3.000 de ellos en España, de los cuales actualmente solo unos 300 siguen con vida.

Precisamente en nuestro país es donde, 50 años después, los afectados pudieron sentar en el banquillo a Grünenthal exigiendo el pago de compensaciones, como ya había hecho la compañía en el resto de países. Aunque en un principio (en 2013), los afectados consiguieron, parcialmente, que un juzgado les reconociera el derecho a esas indemnizaciones, el pasado octubre la Audiencia de Madrid revocó esa sentencia al considerar que “el caso está prescrito”. Los abogados defensores de la empresa argumentaron también que es complejo poder ligar las malformaciones al uso de la Talidomida: según Grünenthal, el medicamento “fue retirado 12 días después” de las primeras sospechas sobre los efectos nocivos. En España, eso sí, los afectados han podido demostrar la venta del medicamento dos años después de su retirada.

En resumen, mientras en Alemania, Japón, Australia o Canadá (por citar unos pocos países), los afectados cobran tanto indemnizaciones privadas como ayudas públicas, en España tenemos el dudoso honor de ser el único país a día de hoy que no ha compensado a los afectados por la Talidomida. “Nos sentimos decepcionados, tristes, defraudados y abandonados”, comentan Ana del Cura y Luisa Torrijo, dos afectadas por la Talidomida de 50 y 51 años respectivamente. “No logramos entender por qué, ante los mismos hechos, el trato es tan diferente y discriminatorio según el país en el que hemos nacido”, insisten Ana y Luisa con rabia. Quizás también con rabia se lamenta la hija de una de las afectadas por este medicamento: “Si mi madre viviese en Alemania, cobraría 7.000 euros al mes”. Cierto es que en muchos países las indemnizaciones han sido millonarias.

 

Escultura representativa de los efectos de la Talidomida en los afectados

Escultura representativa de los efectos de la Talidomida en los afectados

 

Nos preguntamos, pues, qué hay de cierto en el aspecto de la prescripción. Juzgar la posible actuación negligente de Grünenthal 50 años después de la retirada del medicamento abre la duda. Es más, la prescripción del delito fue uno de los principales argumentos de la defensa en el juicio en España, celebrado en 2013 en el Juzgado de Primera Instancia nº 90 de Madrid. Cabe fijarse también en el hecho que en otros países, como Alemania, los juicios sobre la Talidomida se realizaron hace años y, por eso, desde hace tiempo  las víctimas cobran sus indemnizaciones.

La pregunta en este punto es clara: ¿Por qué no se denunció antes? Para responder a ella acudimos a Rafael Basterrechea, vicepresidente de la AVITE, la Asociación de Víctimas de la Talidomida en España. En declaraciones hace unos meses en El País, Basterrechea denunció que “en España se ocultaron los efectos. Ya se encargó Franco de que no se pudiera reclamar”. Por su parte, Ana y Luisa tampoco están muy de acuerdo con el argumento de la Audiencia de Madrid: “¿Cómo es posible que prescriban unos hechos cuando las consecuencias de los mismos, no sólo las tenemos que padecer el resto de nuestra vida, sino que se incrementan con el paso del tiempo?”.

 

DISCULPA TARDÍA

En paralelo al juicio celebrado en Madrid entre AVITE y Grünenthal, la compañía alemana decidió disculparse 50 años después. En septiembre de 2012, Harald Stock, quien dirige Grünenthal, pidió disculpas “por no haber encontrado el camino hacia las víctimas”, según recoge El País. Además, en el ‘cuartel general’ de la compañía se puede observar una escultura creada en reconocimiento a las víctimas del Contergan, el nombre comercial de la Talidomida en Alemania Occidental.

Pero mientras en Alemania, y otros países, las víctimas reciben las pensiones vitalicias, en España las víctimas se conformaban con un Real Decreto de 2010 en el que el Gobierno de José L. Rodríguez Zapatero reconocía como víctimas aquellos nacidos entre 1960 y 1965 con malformaciones, algo escaso para las víctimas. Tras la alegría moderada –sólo una veintena de afectados hubiera recibido compensación- por la sentencia de 2013, la de la Audiencia de Madrid supone un jarro de agua fría. José Riquelme, presidente de AVITE, ha declarado a TRIBUNA INTERPRETATIVA que “la sentencia ha sido un golpe bajo y una muestra de lo que se cosecha en este país”, a la vez que lamenta que nuestro país “sea el único donde no se ha indemnizado a los afectados”.

 

 

A pesar de todo, víctimas y asociación se muestran optimistas de cara al futuro: “tarde o temprano, en este caso muy tarde, confiamos en que se hará justicia” declara Ana del Cura. Por su parte, José Riquelme se ha limitado a recordar que “AVITE ha recurrido la sentencia ante el Tribunal Supremo”, lo que alarga aún más el proceso, dilata el momento de cobrar indeminización –si la hubiera- para las víctimas y pone más gravedad al asunto en España.

Existen, eso sí, muestras del espíritu combativo de estos afectados. Un ejemplo es la campaña 50 años de vergüenza. Con presencia en las redes sociales, se trata del nombre de un documental elaborado sobre la realidad de los afectados por la Talidomida, con especial atención al caso español. El documental ya ha sido visionado en diferentes festivales y no deja indiferente respecto al caso a quien lo ve. Muestra clara y contundente de que las víctimas de la Talidomida en España no se rinden a pesar de todo.

 

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