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25 de octubre de 2015

La política monetaria expansiva que asusta en la Unión Europea

Patricia Pacheco

Jean Claude Trichet, máximo responsable del BCE

 

Las políticas monetarias que utilizan los gobiernos europeos pretenden mejorar y mantener la estabilidad económica en el mercado de dinero. Ahora mismo los bancos centrales a nivel mundial han generado una consecución de políticas expansivas en los mercados de capitales que han tenido una gran repercusión en las economías nacionales, esto es, han aumentado la cantidad de dinero que entra en circulación para propiciar un incentivo en la oferta monetaria y así asegurar una cierta estabilidad financiera que permita estimular la inversión y el crecimiento económico.

Pero el efecto que estas políticas están generando es muy incierto, ya que amenazan con un efecto totalmente inverso al que perseguían. Cualquier cambio en la política monetaria puede suponer un impacto en la economía real de incierto resultado, debido muchas veces a otras variables económicas y efectos colaterales propios de cada país como la inflación o el paro o mismamente el contexto socio-político que lo determina.

Muchos economistas se atreven a reconocer que la economía global se acerca a un gran momento de inestabilidad debido a las políticas monetarias expansivas ya que han disparado la deuda en muchos países que de por sí estaban gravemente endeudados y han mermado el desarrollo empresarial, fruto de la no inversión realizada propiciando una situación muy similar a la de la crisis del 29.

Inyectar liquidez para volver a poner en funcionamiento los mercados financieros es una operación bastante arriesgada, debido sobre todo, al nivel de endeudamiento que poseen muchos países. Es sin duda una operación de urgencia y que se debería dar en circunstancias muy específicas. De hecho este tipo de políticas han estado muy lejos de impulsar la economía y el empleo y sólo han permitido una mejora muy parcial del sistema financiero en los países endeudados.

 

Y en España, ¿qué?

En España, los planes de flexibilización han engordado los mercados de activos e incluso han creado cierta sensibilización en términos de ahorro, lo cual no ha dado lugar a un impulso potente del consumo, que hubiera sido necesario en la crisis que asistimos y en cambio sí han dado lugar a una mayor especulación bancaria que podría llegar a producir una burbuja financiera de un calibre alarmante. Ya que bancos y entidades financieras de mayor o menor envergadura deberían haber desaparecido en vez de haberse reestructurado de manera ficticia, cuando se debería haber asumido rápidamente las pérdidas para que el sistema resurja lo más sanamente posible desde abajo.

 

 

Quizá esto sea una consecuencia muy determinante de que muchos proyectos de reestructuración en España hayan fracasado, ya que en el momento actual no hay estímulos reales para invertir. Muchos expertos se atreven a decir que España se acelera a un estancamiento difícil de superar con los medios y medidas que se están tomando hasta la fecha, basta con hacer un poco de memoria para constatar la burbuja inmobilaria en la que nos hemos visto envueltos durante años sin que los bancos centrales hicieran nada al respecto.

Esto nos da a entender que cualquier alteración de la economía monetaria puede dar lugar a consecuencias inciertas en la economía real y que no de debemos confundir política monetaria expansiva con expansión económica ya que los cambios de dichas políticas tienen su resultado en el largo plazo y en el futuro inmediato pueden acarrear serios problemas y fluctuaciones de efectos muy adversos. Incluyendo por ejemplo un aumento de la inflación o del paro. Por ello, el balance en términos de PIB no ha sido positivo ni mucho menos ya que las condiciones financieras de la economía no eran las más apropiadas para este tipo de políticas.

Los problemas en los métodos de pago, la inestabilidad ya existente en el sistema y la poca confianza en los mercados han generado un mal funcionamiento de los bancos con muy poca repercusión en los precios y un escaso crecimiento del PIB así como de la productividad a largo plazo. Si bien es cierto que todos queremos una salida de la crisis real, sin parches ni falsos estímulos no tiene ningún sentido favorecer el sobreendeudamiento del sector público a costa de asumir riesgos innecesarios que tienen pocas ventajas para el conjunto de la economía española. De ahí podría resultaría preferible un cierto “blindaje” a este tipo de políticas impuestas por los bancos centrales, ya no sólo para que muchas PYMES no mueran en el intento, que son la base de la economía, si no también para que se produzca un avance real y estructural que nos permita salir reforzados, con más medios y con el compromiso de hacer fluir la liquidez entre los propios consumidores.

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