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29 de mayo de 2016

La soledad de la calle

Patricia Cirera
Varias personas duermen en la calle el pasado día de Año Nuevo en Madrid / Foto: Gerard Julien (AFP) - Getty

Varias personas duermen en la calle el pasado día de Año Nuevo en Madrid / Foto: Gerard Julien (AFP) – Getty

 

En Barcelona hay 712 personas sin techo, y 1.012 personas están alojadas en pisos o instalaciones que el Ayuntamiento pone a disposición con equipamientos municipales. La mayoría de ellas son europeos, hombres entre 40 y 50 años. Todas ellas forman parte del “club de los invisibles”. Nos cuesta mirar a esas personas que nos piden dinero o comida por la calle.

El Servicio de Inserción Social se encarga de atender a estas personas independientemente del origen de las personas. La Oficina de Asentamientos Irregulares del Departamento de Comisionado de Inmigración se encarga de atender a las personas inmigrantes según sus necesidades más específicas.

Para intentar mejorar la situación de estas personas, según cuenta el gerente de calidad de vida, igualdad y deporte del Ayuntamiento, Àngel Miret, este año se ha hecho un esfuerzo para reforzar los equipamientos adquiriendo propiedades para alojar a personas que se encuentran en situación de dormir en la calle. Este año desde el departamento que dirige Àngel Miret se han adquirido más de 50 viviendas, además del nuevo equipamiento dedicado especialmente a la “operación frio”. Esta operación se pone en marcha en invierno cuando la temperatura baja de los 5º, a partir de la cual el Centro de Urgencias y Emergencias Sociales de Barcelona actúa y se intenta evitar que haya personas durmiendo en la calle. Además este año se ha puesto en marcha por primera vez la “operación invierno”, que independientemente de la temperatura el Ayuntamiento pone en marcha equipamientos adicionales.

El objetivo del departamento que dirige Àngel Miret es acompañar a la persona en su proceso de normalización dándole alojamiento y ofreciéndole formación, poniendo a disposición profesionales y servicios sanitarios en caso de que la persona lo necesite. De manera que el usurario de servicio es el responsable de su recuperación e inclusión social, sin poner a la persona en una situación que él o ella no pueda sostener, explica Àngel Miret.

 

Cuando en Barcelona la temperatura baja de los 5º se pone en marcha la ‘operación frío’ para evitar que nadie duerma en la calle

 

Este año el número de personas que viven en la calle ha bajado en más 100 personas, pero sí ha subido el número de personas que necesitan alojarse en servicios proporcionados por el Ayuntamientos, según el informe realizado por el Ayuntamiento de Barcelona. La mayoría de estas personas son personas que han sido desahuciadas, o bien no pueden asumir una hipoteca pero sí un alquiler mínimo, etc.

Las situaciones de las personas que viven en la calle son diversas y variadas. Como cuenta Àngel Miret, los problemas de estas personas no son sólo de ocupación, sino de maltrato, adicciones, etc. Esto hace que los objetivos para cada persona sean distintos porque cada una tiene necesidad diferente. En caso de una persona de 60 años con problemas de alcoholismo profundo, el objetivo no es que encuentre trabajo para pagarse un alquiler y comida, sino que la prioridad es que se cure. En cambio por ejemplo en el caso de un chico de 29 años con hábitos semi delictivos, el objetivo es que pueda conseguir un empleo.

Jaume Vives, estudiante de periodismo y autor de “Pobres, pobres”, se puso en la piel de los indigentes y quiso probar su estilo de vida viviendo una semana en la calle. Y lo que vivió es que sobre todo las personas necesitan compañía, más que una cama o un plato de espaguetis. La mejor forma de ayudar a personas que están en la calle no es dándoles un bocadillo o café, que tampoco lo rechazarán, sino establecer un vínculo con ellos. Lo más duro según cuenta Jaume es la rutina, el no saber qué hacer. Su día a día consistía en dormir, desayunar, comer en sitios diferentes. No se cambió de ropa ni se duchó en ocho días. En su experiencia Jaume estableció amistad con Cristóbal, un hombre con problemas de alcohol. Tras hablar con varias personas, Jaume cuenta que las situaciones de cada una son diversas.

Unos llevan un año y medio viviendo en la calle, otros siete, otros 25…Hay personas que se han acostumbrado a vivir de esta manera y han establecido su modo de vida en la calle. El hecho de vivir en la calle, no es que es saque lo peor de ti mismo, sino que te vuelves ensimismado, comenta Jaume. Lo que sorprende es que los familiares de las personas que están en esta situación no puedan ayudar de alguna manera. Algunos por orgullo no avisan a su familia de su situación. Aunque algunos no tengan familia o tienen mala relación, la reflexión que hace Jaume es que las personas que se han quedado sin trabajo y que tengan buena relación con la familia, probablemente no duerman en la calle.

 

Nos es difícil imaginarnos la realidad de los ‘sin techo’ porque nos cuesta creer que podemos acabar viviendo en la calle

 

Recientemente se ha inaugurado el Centro de Urgencias y Emergencias Sociales que abre todos los días del año las 24 horas. Intenta cubrir todo tipo de emergencias como soporte psicológico a familiares de personas que se han suicidado, ayuda a personas que se encuentran desorientadas en la calle, etc. En este espacio cuenta con 1.700 m2 y más de cien camas.

Actualmente el Departamento de Calidad de Vida, Igualdad y Deporte del Ayuntamiento está en proceso de construcción de un espacio exclusivamente para personas que viven en la calle y que tienen problemas de adicciones. El reto de este año es aumentar el número de psiquiatras y trabajadores de salud mental para tratar de abordar con más eficacia las patologías mentales que puedan tener algunas personas que viven en la calle.  De esta manera el Ayuntamiento intenta evitar que estas personas se encuentren en riesgo de exclusión.

Àngel Miret explica que el concepto de vivienda y hogar es diferente. Se difieren en que vivienda sería un inmueble de propiedad o alquiler, mientras que hogar sería simplemente un sitio para dormir. Alojar a estas 1.714 personas en viviendas cuesta entre 60.000 y 70.000 euros diarios, según cálculos de Àngel Miret. Al año son entre 21 y 25 millones de euros.

712 personas viviendo en la calle no son pocas. Y es una realidad. Una realidad que nos cuesta ver porque es difícil imaginarnos a nosotros mismos en esta situación. Miramos a otro lado, no sabemos qué hacer. La impotencia de no poder ayudar a todo el mundo. Por diversos motivos el ver a personas pidiendo ayuda en la calle nos causa rechazo, y un claro ejemplo de que no queremos mirar es este vídeo.

Una Respuesta

  1. Virginia dice:

    Esta muy bien que alfuien nos explique lo que ocurre alrededor nuestro y ni nos fijamos!!!!Entre su realidad y la nuestra hay un abismo.Como podriamis ayudar???

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