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2 de marzo de 2016

¿Y si subimos los salarios?

Adrián Caballero

dinero

 

Recortes, recortes y más recortes. Eso es lo que vivimos a diario. No solo en España sino también en el resto de Europa. Lo peor de todo es que también ocurre con nuestros salarios, lo que impide que consumamos y compremos y hace que, entonces, las empresas del país no ingresen, tengan que despedir e, incluso, cerrar. La solución a la crisis económica según los gobernantes europeos pasa por recortar presupuestos y reducir salarios.

Pero no todos piensan que bajar los salarios a los trabajadores sea una buena idea. El gobernador del Banco Central japonés, Haruhiko Kuroda, ha aprovechado la clásica reunión de gobernadores de bancos centrales de Jackson Hole para, en un discurso, contradecir las iniciativas europeas. Su experiencia en la complicada economía japonesa le ha enseñado que lo mejor es subir los salarios. ¿El por qué? Lo desgranamos poco a poco.

 

EVITAR LA DEFLACIÓN

A principio de la década de los 90s, Japón sufrió una de sus peores crisis económicas de los últimos tiempos. El estallido de ‘sus propias burbujas’ provocó, como ha ocurrido en España, que empresas y familias vieran afectadas seriamente su economía. La consecuencia para el país fue una dura recesión: durante muchos años la economía japonesa no crecía sino que retrocedía.

Ante el miedo que provoca una situación de crisis, las empresas empezaron a ahorrar. Aunque los ciudadanos también lo intentaron, las empresas lo hacían a un ritmo mayor. ¿Cómo lo hacían? Al estilo europeo actual: con recortes, despidos y reducción de salarios. Esto provocó que los ciudadanos japoneses todavía tuvieran menos capacidad económica y, por tanto, el consumo bajo hasta tal punto que llegó la deflación a Japón. La deflación es el crecimiento de los precios por debajo de lo que han crecido con anterioridad. Es deflación también un descenso de los precios, como es obvio. Por tanto, en Japón, durante más de dos décadas, los precios han ido cayendo -su precio no aumentó lo esperado- año a año, lo que supone un deterioro de la economía. La deflación es uno de los aspectos de la economía que todos los gobernantes quieren evitar. ¿Por qué? Porque desincentiva la inversión –no pondremos dinero en un país que no puede darme intereses porque sus precios bajan- y también desincentiva la creación de empresas –no puedo pagar por materia prima que, al final del proceso, no me dará margen de beneficio-.

 

SALIR DE LA CRISIS, CUESTIÓN DE AUMENTAR GASTO

La deflación es indeseable porque es muy complicada de revertir. Como afirma en su conferencia Haruhiko Kuroda, la única forma de salir del “círculo vicioso” que provoca la deflación en tu economía, tal y como lo analiza el periodista Carlos Sánchez en El Confidencial es aumentar las perspectivas favorables de tu país. Esto es: si la deflación es mala, provocar una inflación moderada, en torno al 2% como apunta el propio Sánchez. A través de políticas expansivas, de gasto público e intervención del gobierno, se apuesta por acabar con esta deflación empezando, primero, por atacar el empleo a tiempo parcial.

Como Japón no tiene un problema sustancial de desempleo, enfoca los esfuerzos en terminar con el empleo a tiempo parcial. Además, la baja movilidad laboral del país había provocado que los ciudadanos japoneses aceptasen cualquier salario antes que ser despedidos, por lo que la negociación colectiva era casi inexistente, ¿les suena esto?

El Gobierno de Japón se ha propuesto que empresas y familias tengan la seguridad que la inflación del país será cercana a ese 2%. Las empresas ganarán incentivos para invertir además de consumo dentro del país y los ciudadanos, como es obvio, recuperaran trabajos a tiempo completo y aumentaran el poder adquisitivo. La idea de Kuroda para conseguir ese aumento de la inflación es crear un mecanismo de fijación de precios, con lo que las empresas japonesas cada vez más se ven incentivadas a que subir el sueldo a sus empleados.

 

¿PUEDE ESPAÑA HACER LO MISMO?

La situación de España –y del sur de Europa- no es exactamente la misma que la de Japón. Es decir, los problemas económicos no son los mismos. Primero hay que hablar del paro, que mientras en Japón no llega al 4% en España es de más del 25%. Además, aunque España la lleva rozando muchos trimestres, la deflación no es una preocupación tan grave para las economías europeas como sí lo fue y sigue siendo para la japonesa.

Esta introducción ha de servir para tomarnos con cautela el mensaje del gobernador del Banco Central japonés, aunque como algunos analistas comentan, sí es cierto que el BCE y la Unión Europea podrían extraer conclusiones de este discurso ya que una política expansiva, es decir, dejando atrás los recortes y las recomendaciones de bajadas de sueldo, podría provocar un aumento de los salarios y, por tanto, más consumo interno que llevaría a las empresas a nuevas contrataciones lo que provocaría reducción del desempleo y, al fin, poder conseguir entrar en un círculo vicioso pero, esta vez, positivo.

 

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Una Respuesta

  1. Antonio dice:

    Sería algo que nos ayudaría a tener una mejor independencia económica y a afrontar nuestro a día mejor porque llevan casi diez años congelados

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