4 de enero de 2014

Alberto Fabra decide cerrar RTVV

Laura Alonso
RTVVnoestanca

Cortinilla emitida por Nou desde el anuncio del cierre de la cadena

 

La Comunidad Valenciana vive esta semana uno de sus momentos más difíciles desde que el pasado martes, su presidente, Alberto Fabra, anunciara el cierre por sorpresa de su canal autonómico. La noticia pilló por sorpresa a todo el mundo, que no se imaginaba este desenlace y menos después de que, pocas horas antes, el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJCV) declarara nulo el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) del ente público.

 

Un instrumento político

Radio Televisió Valenciana (RTVV) fue creada el 4 de julio de 1984 con la aprobación de la Ley de la Generalitat Valenciana 7/1984, en la que se recogía la creación del ente de titularidad pública y la regulación de los servicios de radiodifusión y televisión por la Generalitat. Pese a ello, sus emisiones no empezaron hasta el 9 de octubre de 1989, día de la Comunitat Valenciana.

Canal 9 nace cuando gobierna el socialista Joan Lerma y el periodista y escritor Amadeu Fabregat se convierte en el primer director general al ser elegido por el Consell. La empresa contaba con 800 trabajadores, de los que 643 obtuvieron su plaza por oposición, y un presupuesto de unos 6.900 millones de pesetas (más de 41 millones de euros).

En 1995 Eduardo Zaplana, del Partido Popular, gana las elecciones y se convierte en President de la Generalitat Valenciana. Zaplana sabía del poder de las televisiones públicas, por lo que, al no poder privatizar el ente, decide aprovecharse de todo lo que éste le puede ofrecer, tejiendo una red de clientelismos y colocaciones a dedo que acabaron por desfigurar a la empresa. A su jefe de prensa lo convirtió en el director general de Canal 9 y vetó a todos aquellos que trabajaban en la cadena pero que no eran afines a su partido. Todo se descontrolaba mientras los trabajadores denunciaban algunas de las malas prácticas sin ser escuchados.

Pero la época más negra llega en 2003, cuando Francisco Camps sucede a Zaplana en el cargo y acaba de hundir a RTVV. La política sigue siendo la misma: hace director general a su exjefe de prensa, a la directora de Canal 9 la hace Consellera, se sigue contratando a dedo y se dispendia muchísimo dinero con coberturas como la visita del Papa a Valencia en 2006, que le cuesta a la cadena 7 millones de euros. Camps va aún más allá que Zaplana y se crea una televisión a su medida en la que desde su despacho controla lo que se dice y hace en la cadena.

RTVV pasó de 800 a 1700 trabajadores y de 41 a 1200 millones de deuda con los gobiernos del PP

Ningún valenciano se entera del caso Gürtel por su cadena. Fuentes cercanas a la cadena de televisión nos han confirmado que tenían prohibido decir ciertas palabras y que Camps controlaba hasta el más mínimo detalle: desde las veces que debía aparecer en el informativo hasta el encuadre. Nada se dijo tampoco del grave accidente de metro en Valencia en 2006. Pese a que los periodistas de la casa se movilizaron para cubrir el suceso, los altos cargos de la cadena les prohibieron hablar de ello.

El control político le ha hecho mucho daño a esta televisión. Desde que se inició la era zaplanista hasta la actualidad la televisión se ha sobredimensionado en todos los sentidos. La plantilla aumentó hasta los 1.700 trabajadores y la deuda hasta los 1.200 millones, además pasó de ser uno de los canales de televisión más vistos a contar con el share más bajo de su historia (una media de un 1%). Al no poder sufragar los gastos, la cadena hizo un ERE en el que se despedía, en un principio, a unos 1200 trabajadores pese a que después se decidió que 200 técnicos se quedarán debido a que sin ellos no se podría garantizar el correcto funcionamiento de RTVV.

 

El TSJCV declara nulo el ERE y Fabra decide cerrar el ente público

El pasado 5 de noviembre el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana declaró nulo el ERE de Radio Televisió Valenciana aprobado en agosto de 2012, en el que se vieron afectados aproximadamente un millar de trabajadores.

La Fiscalía y diversos sindicatos implicados (Intersindical Valenciana, CCOO, UGT y CGT) consideraban que esta medida vulneraba el derecho de los trabajadores e incumplía el principio de igualdad, por lo que pedían la nulidad. Por otro lado, el abogado de la Generalitat insistió en las causas económicas y pedía al juez que desestimara las diversas demandas al considerar que el proceso se había hecho bajo la legalidad.

Ciscar: “RTVV es un lujo que los valencianos no nos podemos permitir”

El auto presentado por el magistrado Francisco Pérez estimaba las demandas de Fiscalía y sindicatos y declaraba la nulidad de la decisión adoptada “en relación a la medida de extinción de los contratos de trabajo de empleados de su plantilla con derecho a la reincorporación de los trabajadores afectados en sus correspondientes puestos de trabajo”.

Poco después de conocer esta decisión judicial, el Gobierno de la Generalitat, que había dicho que acataría la sentencia fuera cual fuera, hacía pública su intención de cerrar el canal autonómico. Esa misma noche, en ausencia de una declaración de Fabra, el vicepresidente de la Generalitat, José Ciscar, declaraba: “RTVV es un lujo que los valencianos no nos podemos permitir”.

Alberto Fabra, compareció al día siguiente en rueda de prensa para asegurar que “la única vía posible era el cierre”. “No cerraré un colegio o un hospital por tener una televisión”, declaró Fabra después de alabar su gestión política y de eximir a su gobierno de responsabilidades políticas. Además de decir que el cierre era “innegociable” culpó a Rosa Vidal, directora general de RTVV, porque “fue ella la que gestionó el ERE”.

La audiencia se ha triplicado desde que los trabajadores tomaron el control de las emisiones

Las palabras del President no sentaron demasiado bien a Vidal, que dimitió junto a todo su equipo. El mando de la televisión lo tomaron los propios trabajadores que empezaron a hacer una televisión de calidad e independiente. Programaciones especiales dejaban en evidencia las manipulaciones políticas del Partido Popular, mientras los trabajadores pedían disculpas por el daño que habían causado. Colectivos olvidados por la cadena, como la Oposición o Escola Valenciana, por ejemplo, aparecieron en antena e incluso participaron de un debate. El share de Nou (nuevo nombre de Canal 9) se triplicó llegando a ser de casi un 10%.

Este hecho propició que el gobierno popular aprobara un Decreto-Ley de urgencia para controlar la RTVV al considerar que se había producido un “vacío de poder”. De esta manera, el Gobierno valenciano podía nombrar provisionalmente un nuevo director general y podía cubrir los puestos vacantes  del Consell ni necesidad de que estos fueran ratificados por el Parlamento, lo que hizo posible el nombramiento de Ernesto Moreno como nuevo director general.

La sociedad valenciana se une por su televisión

Manifestació València

Manifestación contra el cierre de RTVV por las calles de Valencia / Laura Alonso

 

La muestras de rechazo al cierre de RTVV no se hicieron esperar y colectivos de toda índole daban su apoyo a la cadena mediante comunicados y movilizaciones junto a las instalaciones  de  Nou en Burjassot (València). Las redes sociales echaban humo y el hashstag #RTVVnoestanca llegó a ser trending topic en pocas horas. Compañeros de profesión, facultades de periodismo, gente a titulo personal, personalidades de todos los ámbitos… daban su apoyo a los trabajadores.

También se convocaron manifestaciones en Castellón, Valencia y Alicante, para el día 9, instando a la gente a salir a la calle además de a sintonizar Nou a las nueve de la noche. Miles de personas se sumaron a las protestas y al grito de “RTVV no es tanca” y “Fabra Dimissió” recorrieron las calles de las tres provincias valencianas.

Pese a la que muchos ciudadanos no veían el canal desde hace años por la manipulación de sus informativos, nadie quiere que se pierda el único medio en valenciano que tienen y la única forma de conocer que es lo que pasa en su territorio. Y es que una Comunidad Autónoma con una lengua y cultura propias necesita un medio público que responda a la necesidad social de los ciudadanos de conocer lo que pasa en el lugar donde viven. A la pérdida de símbolos de la economía valenciana como la CAM y Bancaixa, las dos principales cajas de ahorro, y el Banco de Valencia, debemos sumarle ahora la pérdida de la radio y la televisión pública valencianas, acabando así con uno de los últimos elementos vertebradores de la sociedad valenciana.

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