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9 de agosto de 2015

La despedida del subcomandante Marcos no alienta cambios en Chiapas

Imagen donde aparece el subcomadante Marcos / Foto: Desinformémonos

Imagen donde aparece el subcomadante Marcos / Foto: Desinformémonos

 

Hace un mes que el Subcomandante Marcos, vocero -portavoz- del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas, México, anunció su propia muerte abriendo paso al que será su sustituto, el Subcomandante Galeano.  En el comunicado con el título “Entre la luz y la sombra”, publicado en la página enlacezapatista.ezln.org.mxSupMarcos aclara que no es Rafael Guillén Vicente –el maestro tampiqueño al que es atribuida su identidad–, sino que es “una botarga o un holograma”, el icono que da rostro a una comunidad entera, por lo que “quienes amaron y odiaron al SupMarcos ahora saben que han odiado y amado a un holograma. Sus amores y odios han sido, pues, inútiles, estériles, vacíos, huecos […]. El personaje fue creado y ahora sus creadores, los zapatistas y las zapatistas, lo destruimos”.

La desaparición de Marcos, sin embargo, no implica el cese de la guerrilla. Los zapatistas han decidido nombrar para su relevo al Subcomandante Galeano, nombre escogido en homenaje a José Luis Solís, un maestro zapatista que asesinado a principios de mayo por el grupo paramilitar CIOAC-H en La Realidad, una de las cinco Juntas de Buen Gobierno del EZLN (el sistema organizativo que encabezan los integrantes civiles del movimiento). Frente a las posibles causas de esta decisión, el comunicado descarta los rumores que durante años se han cernido sobre la figura de Marcos: “ni estoy ni he estado enfermo. Ni estoy ni he estado muerto”, sino que “la nueva etapa en la lucha zapatista estaba lista”. Esta frase hace referencia al viraje que llevó a cabo el EZLN a partir de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, en la que se buscó una conexión más directa con la sociedad civil: “no buscábamos ni pastores que nos guiaran, ni rebaños a los cuales conducir a la tierra prometida. Ni amos ni esclavos. Ni caudillos ni masas sin cabeza. Marcos, el personaje, ya no era necesario”.

 

20 años del EZLN

El EZLN -existente desde noviembre de 1983- se alzó en armas el 1 de enero de 1994 en varios municipios de Chiapas. Tras 12 días de enfrentamientos con el Ejército mexicano se comenzó un proceso de negociaciones que se paralizó a finales de 1996, unos meses después de la firma de los Acuerdos de San Andrés sobre Derechos y Cultura Indígenas. A pesar de que el EZLN ha realizado diversas consultas a la sociedad civil (entre la que cuenta tanto con simpatizantes como con detractores), los intentos de acercamiento por parte del Gobierno han sido escasos desde entonces, por lo que las iniciativas políticas del Ejército Zapatista han surgido no como un diálogo con las instituciones, sino como un diálogo con el pueblo, bajo la máxima del “mandar obedeciendo”.

 

“Marcos, el personaje, ya no era necesario”

 

Así surgieron en 2003 Los Caracoles, demarcaciones fronterizas donde operan las cinco Juntas de Buen Gobierno (JBG): Oventic, en la región tzotzil de Los Altos de Chiapas; La Realidad, en la zona fronteriza con Guatemala; Morelia, zona habilitada por la etnia chol al norte de Chiapas; La Garrucha, en la Selva Lacandona, y Roberto Barrios, cerca de Palenque. Las JBG se formaron con representantes de los 30 Municipios Autónomos Zapatistas (pequeños territorios rebeldes inscritos dentro de los municipios oficiales), y se encargan de resolver problemas sanitarios, de educación, de trabajo, comercio, justicia, etc.

 

La Sexta Declaración de la Selva Lacandona fue un compromiso de continuar la lucha por la vía política.

 

Ante el estancamiento de la guerrilla, el EZLN emitió la Sexta Declaración de la Selva Lacandona en 2005, en la que se hacía un análisis de los años transcurridos y se pretendía continuar con la lucha modificando la forma de la resistencia: del uso de la guerrilla al uso de la fuerza de la sociedad civil; es decir, transformar la lucha armada en lucha política tomando como referencia las bases sociales. La Sexta Declaración vino impulsada por “La Otra Campaña”, una iniciativa que realizó el EZLN –coincidiendo con la campaña electoral que daría la victoria a Felipe Calderón– por 31 distritos mexicanos para promover la participación popular con el propósito de transformar la sociedad desde los principios zapatistas.

Desde entonces, los resultados del trabajo de EZLN a través de los Caracoles y las JBG se traducen en 30 municipios autónomos y autogestionados, regidos por miembros rotativos –elegidos en asambleas, por lo que pueden ser reemplazables en todo momento–, que cuentan con centros de capacitación, clínicas municipales, cooperativas autónomas, bodegas de abastecimiento, una editorial con publicaciones propias y una estación de radio regional, entre otros servicios. Además, desde marzo de 2013 se ha puesto en marcha la llamada “Escuelita Zapatista”, un centro donde lo que el EZLN pretende enseñar es “aprender a aprender” a través de las ideas zapatistas.

 

El futuro del EZLN

El pasado 1 de enero se cumplieron 20 años desde el inicio de la guerrilla por parte del EZLN, aniversario que se celebró un día después del anuncio del presidente mexicano, Enrique Peña-Nieto, de presentar una ley indígena en la que se retomasen los diálogos de autonomía indígena en Chiapas. Sin embargo, el proyecto de ley aún no ha visto la luz y las conversaciones entre el Gobierno y el EZLN  siguen como los 18 últimos años: inexistentes. De hecho, Jaime Martínez Veloz, el comisionado para el Diálogo con los Pueblos Indígenas, dependiente de la Secretaría de Gobernación, reconoció tras la carta de despedida del Subcomandante Marcos que el diálogo con el EZLN seguirá suspendido, aunque confía en las tareas que está llevando a cabo la Comisión para construir una nueva relación entre el Estado y los pueblos indígenas. La determinación de Martínez Veloz se basa en que este proyecto recupera los Acuerdos de San Andrés adoptando la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, aprobada en 2007.

 

Enrique Peña-Nieto prometió lanzar en 2014 una ley “de gran calado” para reanudar las conversaciones sobre autonomía indígena en Chiapas.

 

Ya en 2001 un presidente mexicano, Vicente Fox, promulgó una Ley de Derechos y Cultura Indígena, aunque ésta no fue reconocida por el Ejército Zapatista por no respetar los Acuerdos de San Andrés, por lo que en ningún momento hubo acercamiento entre Gobierno y EZLN. Sin embargo, en esta ocasión es crucial que la legislación desarrollada incluya la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, así como el Protocolo de Actuación para quienes imparten justicia en casos que involucren Derechos de Personas, Comunidades y Pueblos Indígenas, redactado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Es importante destacar que el protocolo define conceptos como “tierra”, “territorio”, “autogobierno”, “recursos naturales” o “libre determinación”, y recoge el derecho que los indígenas tienen a su acceso, algo que era impensable en 1996 –año en que se paralizaron las negociaciones–.

Así pues, la nueva legislación del presidente priísta se presenta como la única posibilidad de apertura en la relación entre el EZLN y el Gobierno mexicano o como la condena al movimiento zapatista “a sobrevivir en comunidades aisladas, apartadas que jamás presentaron una amenaza a la integridad territorial ni al control de México sobre esa zona del país”, en palabras del experto en Relaciones Internacionales Felipe Sahagún. La concentración geográfica del movimiento zapatista y la limitada capacidad de maniobra de las Juntas de Buen Gobierno –más allá de los 30 municipios autónomos que controlan– denotan bastante acierto en la valoración de Sahagún, que considera que el éxito total del EZLN fue “desde el punto de vista moral y propagandístico, sobre todo porque no era violento, porque era tan desigual que ahí sí vimos a David contra Golliat”.

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