17 de abril de 2014

Educación en igualdad, la clave contra el micromachismo

Paloma Ausín
Ilustración de Tinta Fina para TRIBUNA INTERPRETATIVA / @tinta_fina

Ilustración de Tinta Fina para TRIBUNA INTERPRETATIVA / @tinta_fina

 

El sueldo de la mujer, en todos los países del mundo, es inferior al salario de su homólogo profesional hombre. El cuerpo de la mujer como reclamo publicitario, las lagunas legales, las decisiones políticas, la maternidad vista como un obstáculo social y laboral, y la masculinidad del poder, hacen que el papel de la mujer no haya mejorado con la entrada de este nuevo siglo XXI.

Según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística, las mujeres tendrían que trabajar 82 días más al año para obtener la misma nómina mensual que los hombres. Esta discriminación salarial es mucho más llamativa a medida que un hombre y una mujer son ascendidos de igual manera en una empresa. Este dato pasa desapercibido ya que según Javier Cantera, presidente en Grupo BLC, “Las empresas engordan las cifras salariales entre hombres y mujeres para salir bien en la foto. Pero la cruda realidad, es que a pesar de que una mujer trabaja el 19% más de horas, y tiene la misma disponibilidad, dedicación y responsabilidad en su trabajo, puede llegar a ganar un 24% menos que su homónimo masculino”. Para evitar esta discriminación, la tendencia de las compañías, es que sus empleados sean más 3.0. “El despacho es masculino, por esa asociación de poder”. El beneficio de tener unos empleados más flexibles es la posibilidad de tener equipos con mayor diversidad de género “las empresas con mayor diversidad de género en los Consejos Generales, tienen un nivel de riesgo y corrupción más bajo, e incluso inexistente, que en los Consejos Generales donde solo hay hombres”, así lo declaró Cantera en la presentación de PWN Global sobre el estudio “Women& Money, between Control and Complexity”.

 

Mujeres descontentas con su salario

Marijo Bos, Presidenta de PWN Global junto con Rose-Mari Losier, Presidenta de PWN Madrid expusieron en IE Madrid este gran problema social al que “hay que poner soluciones, al comprobar que el 83% de las mujeres están descontentas con su salario”. En ocasiones, las empresas evitan sacar a la luz la discriminación real que se ejerce dentro de la compañía. En las últimas 6.000 inspecciones de trabajo, se descubrieron 405 casos específicos de discriminación salarial. Solo 2 de estos casos fueron sancionados.

Esta desigualdad en los salarios tiene consecuencias en otros ámbitos financieros. Según Inger Berggren, directora del Banco Mundial de la Mujer, las mujeres solo tienen acceso al 8% de los préstamos bancarios. Es decir, por el hecho de ser mujer es muy difícil acceder a un préstamo, ya que los bancos saben que su salario es inferior, como mínimo un 12%. Si además la mujer vive una situación de maltrato, su dependencia económica y la de sus hijos, continuará bajo el mando del maltratador.

En el libro La Zona Segura de Maribel Maseda, diplomada en enfermería, licenciada en psiquiatría, se muestra una de las maneras de gestionar correctamente cualquier situación de discriminación o maltrato bien sea laboral, familiar o social.  Un manuscrito sobre el maltrato para denunciar un DELITO que cuanto más frecuente se produce más se normaliza en la sociedad. “Jurídicamente y socialmente se juzga a la mujer por su modo de amar, de hacer las cosas, de ser permisiva.  Un ejemplo de esa normalización de la violencia  contra la mujer es el lenguaje utilizado hacia las mujeres en los medios de comunicación. Por lo que comprobamos que incluso para el sistema jurídico es difícil declarar hasta donde hay violencia contra la mujer en el día a día. Incluso a los psicólogos les cuesta varias consultas encontrar al maltratador que una persona lleva dentro, imaginaos en una relación que se entreteje el amor y el odio”

Los micromachismo cotidianos más o menos conscientes, son los más peligrosos de todos, ya que pasan desapercibidos por estar en el límite de lo sano, y en el límite de aquello que, de manera evidente, la mujer puede identificar como agresión. Tal y como indica Maribel “hay que tener cuidado con reír ciertas gracias de mal gusto, simplemente por educación. Debemos corregir comportamientos de una sociedad machista. Por ejemplo, si una mujer va vestida, muy entrecomillas, muy provocativa, a lo más que uno puede tener derecho es a comentarle qué forma más llamativa de vestir tiene. Pero jamás esa vestimenta se debe tomar como un derecho que pueda acogerse alguien para agredirla. La sociedad responsabiliza y culpa  a la mujer. También crítica al agresor, pero se van a tomar cañas con él, nuestros hijos e hijas reciben regalos de ese agresor. Dejar de condenar a las mujeres. Intentar entender que todos nos estamos relacionando con agresores, es una de las pautas para denunciar la situación violenta cuando se produce”.

 

El ‘micromachismo’, cotidiano y más o menos consciente, es el más peligroso, ya que pasa desapercibido al estar en el límite de lo sano

 

Si además, se tiene en cuenta que el agresor tiene pautas de comportamiento positivo y negativo, es aún más difícil distinguir el amor real del odio. Según Maseda, “la mujer se convence que puede enseñar a amar al hombre, y hace el papel de madre, pero la personalidad agresiva del hombre ya existe antes de conocer a la mujer. El hombre se frustra por ver que la mujer posee cualidades que él no tiene y agrede a la mujer para culparla, y a su vez la sociedad la hace responsable y culpable. La mujer no es responsable de una situación de violencia que ella no ha generado. Pero sin embargo se juzga a la mujer y se la culpa por el delito del hombre”.

Según un estudio de los países de la UE el porcentaje de mujeres que son asesinadas por cualquier circunstancia son el 40%. Cuando la violencia es doméstica, bien por padres, hermanos, etc. el porcentaje es del  30%. Y cuando indagan en los índices de agresión por sus parejas la cifra cae al 23%. En realidad, no son cifras realistas ya que los países en estos temas no son muy sinceros. “Pero lo que hay que normalizar es que en una relación sana no hay violencia física, psicológica, ni verbal. Además, detrás de una mujer maltratada, hay unas víctimas que son sus hijos, posibles maltratadores por las circunstancias. Por lo que al salvar a una mujer hoy, salvaremos a otra mujer en un futuro”.

Aunque el libro tiene un carácter femenino, el libro ayuda a las víctimas de maltrato tanto mujeres, hombres y niños, para ayudarles de nuevo a vivir con la dignidad y la autoestima que todo ser humano merece. “En ocasiones, los más pequeños de la casa no pueden hablar con nadie ya que en muchas ocasiones se les ha advertido que la situación que viven en casa no se la pueden decir a nadie. Esto es peligroso ya que desde la infancia se tiende a imitar patrones, y los niños en el caso de maltrato, conviven con el maltratador y la víctima del delito. Por ello, en el libro se les dice cómo salir de la situación de maltrato, y si no es el momento todavía de salir, se les dice como ser fuertes mientras permanecen en ella. Para evitar así que se convierta en víctima o en verdugo”. Como bien recalca Maribel “educar desde la igualdad a un niño, es salvar a futuras mujeres del maltrato, ya que en ocasiones el niño maltratado elige ser verdugo, y por tanto futuro maltratador de mujeres”.

 

Deberes en la Justicia

La asignatura pendiente a nivel judicial es el proceso posterior a la denuncia de la mujer. Socialmente a la mujer se la juzga, además de pasar de nuevo por ese proceso, al tener que contarlo y revivirlo. “Ya que según Maseda, al maltratador se le ve como un enfermo, y por tanto una víctima como la mujer, cuando en realidad es el agresor quién comete el delito. A la víctima y al verdugo se les pone al mismo nivel, cuando en otros delitos jurídicos esto no se produce así. Un ejemplo lo tenemos en los eslóganes que se utilizan en las campañas para denunciar el maltrato: Sal del maltrato, no lo permitas. Pero qué tal si hacemos lo mismo pero para el maltratador: No debes hacer esto, Serás castigado, Lo que haces es un delito. Estos mensajes no existen, solo se está educando a la mujer, pero no hay ninguna acción que informe al hombre que en la sociedad actual esto delitos no se consienten y se castigan. Por tanto es necesario una zona segura para la mujer”.

La directora de Recursos Humanos de la Fundación Once, Francisca Garcia Vizcaínos, recuerda que “hay que castigar todo maltrato y discriminación hacia la mujer. Hoy en día es el crimen más silenciado del mundo. La violencia machista mata a 57 mujeres y 5 niños en 2013. En lo que vamos de año 2014, en tan solo dos meses, la violencia de género ha matado a 13 mujeres”.

En 2009, se registraron un total de 6.562 delitos conocidos de abuso, acoso y agresión sexual a mujeres. A lo largo de 2010, un total de 21.014 hombres fueron enjuiciados y condenados por violencia en contra de la mujer. “La mujer con algún tipo de discapacidad sufre un porcentaje mayor de violencia, ya que su dificultad para entrar en el mundo laboral las obliga en ocasiones a estar relegadas en el aislamiento doméstico. Por lo tanto, el miedo a denunciar y la dependencia a los cuidados del agresor, hacen inviable la denuncia”.

Mabel Lozano, presentadora, modelo, actriz, guionista y directora comprometida con los derechos humanos, en sus cortometrajes y documentales trata problemas sociales de las mujeres, entre ellos violencia de género y la trata de mujeres y niñas para la explotación sexual. “Procedo de un pueblo, Villaluenga de Toledo, en donde cuando era pequeña, por ser niña no podía aspirar a ser directora de cine. En aquel entonces no había un referente femenino, y por tanto se daba por hecho que una mujer no podía aspirar a serlo. Es necesario romper con los roles. Es importante que las mujeres tengamos y seamos referentes”.

Ahora cuenta la realidad que sufren millones de mujeres en el mundo, ya que como ha confirmado Mabel “la realidad supera con creces la ficción. Y hay tanto que denunciar”.  En sus cortometrajes y documentales, Mabel Lozano denuncia la esclavitud del siglo XXI. En ellos muestra la dura realidad que viven las mujeres y las niñas por todo el mundo, a causa de matrimonios serviles, trabajos forzosos, o la explotación sexual como se muestra en el cortometraje “Voces contra la trata de mujeres”.

 

Mabel Lozano, cineasta: “la única forma de erradicar esta violencia sexual y de género es desde la educación”

 

Tal y como explica la cineasta, “Cuando hice este corto hace 7 años nadie hablaba de este delito. Y al realizarlo no me había dado cuenta que no había retratado la complicidad del cliente que consume este tipo de servicios, y es cómplice de este delito. Por esto nació Escúchame. Hay que legislar, porque la sociedad es cómplice, el cliente de la prostitución tiene mucha complicidad pero está tan normalizado que no somos conscientes que es un delito. A las víctimas hay que ponerles nombres, tienen familia, hijos, madre, son personas”.

Vivimos en un país en las que las chicas tienen acceso a la cultura y a la información. Donde se puede hablar de sexo en casa, y según estudios se ha descubierto como entre las más jóvenes, hay una presión de sus novios, parejas, amigos, de controlar sus movimientos y compañías, o de presionarlas hasta el punto tener relaciones sexuales, en contra de su decisión personal. “Ellos no se cortan en ningún momento de decirles eso de, si no lo haces conmigo es que no me quieres, o estás con otro, entre otras. Cosas que nos suenan a otras épocas. Y estas chicas son obligadas a tener relaciones sexuales, sin protección. Es alarmante, cada vez es mayor el número de chicas que se quedan embarazadas a muy corta edad”, según nos explica la autora del cortometraje.

En el mundo se silencian las cifras de violaciones contra mujeres, y muchas de ellas no llegan a denunciarse por ser un estigma social para las familias. Si le preguntamos a Mabel Lozano, para ella “la única forma de erradicar esta violencia sexual y de género es desde la educación. Tengo dos hijos mellizos, una niña y un niño. Nacieron los dos a la vez, y por tanto ninguno es más que otro. Les educo de la misma manera, desde la igualdad. Claro que en el colegio les enseñan física, matemáticas y lengua, pero la educación empieza en casa. Yo quiero que mis hijos tengan los mismos derechos y las mismas obligaciones. Lo que me parece terrible es que mi hija a partir de una determinada edad tenga que elegir entre ser madre o promocionarse laboralmente. O que mi hija sea víctima de malos tratos por el hecho de ser mujer”.

 

Presentación del estudio Women&Money en Madrid / Ania Lewandowska

Presentación del estudio Women&Money en Madrid / Ania Lewandowska

 

El primer cambio para conseguir esta igualdad es educar a los niños y niñas sin roles de género en las familias, en los colegios, en la universidad, en el ámbito laboral, cuando crecen. Según el cuaderno de educación no sexista nº13 La Química de la Cocina, Propuesta Didáctica para Educación Secundaria del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, en la página 35, se anima a los profesores a que hagan en grupo la práctica de calentar azúcar para hacer caramelo. Se cita textualmente “(…) Es un experimento sorprendente y que llama la atención del alumnado, ya que sólo hay algunas chicas que lo han hecho” anteriormente. Gracias a los programas de cocina en televisión y las estrellas gastronómicas, los fogones ya no son solo cosas de chicas. Esto último, ya lo adelantaba nuestra compañera y periodista Noemí Garcimartín en sus reportajes “La sociedad patriarcal como causa de la violencia de género” y en “La educación diferenciada y la igualdad de género en la Ley Wert” que se pueden leer en TRIBUNA INTERPRETATIVA.

La violencia de género es el símbolo de la mayor desigualdad de la sociedad, ya que el agresor entiende que una mujer, por serlo, carece de derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión. Es un acto de violencia sexista que tiene como resultado posible un daño físico, sexual o físico. La desigualdad social y laboral entre hombres y mujeres favorece esta violencia verbal y física.

Una de las causas de la insana relación de la mujer con el dinero, según Alicia Kaufmann Catedrática y Doctora en Sociología, tiene origen en nuestra niñez, por aquello de ser “niñas buenas y cuidar de nuestra reputación”. A nivel social si una mujer pide un aumento de sueldo se la ve una persona ambiciosa, un prejuicio que no sufren los homónimos hombre. Para ello, nos sugiere sustituir el “ceder condescendiente”, en el caso de que nos nieguen un aumento, por el “ceder estratégico” continuar con esa petición de mejora de salario, en el momento que se nos presente una situación más favorable.

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