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2 de julio de 2014

Habemus pregunta

Eduard Ribas

 

Artur Mas compareciendo para anunciar la fecha de la consulta / Generalitat de Catalunya

Artur Mas compareciendo para anunciar la fecha de la consulta / Generalitat de Catalunya

 

“¿Quiere que Catalunya sea un Estado? En caso afirmativo, ¿quiere que ese Estado sea independiente?” Con este enunciado ha sido desvelada una de los mayores incógnitas de la política catalana de los últimos años que mantenía en vilo a miles de personas. Se trata de la pregunta que deberá realizarse a los ciudadanos de Catalunya el 9 de noviembre del año próximo y que ha sido acordada en tan solo dos días por el gobierno de CiU y las fuerzas soberanistas de ERC, ICV-EUiA y la CUP.

Todo este proceso de autodeterminación liderado por Artur Mas ha sido orientado por el Consell Assessor per a la Transició Nacional que en un informe estableció cuáles deberían ser las características de dicha pregunta. El organismo integrado por académicos de prestigio como Ferran Requejo o personajes mediáticos como Pilar Rahola, exigía un enunciado claro, neutral y con respuesta binaria. Es decir una redacción sencilla, fácil de entender y que no incitase el voto por ninguna de las dos opciones propuestas.

 

La pregunta de Quebec de 1980 es un mal ejemplo de cuestión directa sobre la independencia, según el Consell Assessor de la Generalitat de Catalunya

 

Ante estas premisas, la pregunta realizada en el referéndum del Quebec de 1980 podría tacharse de ser una antipregunta. Un enunciado largo, rimbombante y confuso con el que ganó el No por un 60% de los votos:

“El gobierno del Quebec ha dado a conocer su propuesta de llegar, con el resto del Canadá, a un nuevo acuerdo fundado en el principio de la igualdad entre los pueblos; este acuerdo permitiría al Quebec adquirir el poder exclusivo de hacer sus leyes, de percibir sus impuestos y establecer sus relaciones exteriores, eso que es la soberanía, y, al mismo tiempo, mantener con el Canadá una asociación económica conllevando el uso de la misma moneda; ningún cambio de estatus político resultante de estas negociaciones no será realizado sin el acuerdo de la población mediante otro referéndum: en consecuencia, ¿otorga al gobierno del Quebec el mandato de negociar el pacto propuesto entre el Quebec y el Canadá?

Si bien el del Quebec no es un buen ejemplo, sí los hay otros defendidos por el Consell Assessor. En 1990, casi un 90% de los eslovenos votaron que sí a la cuestión ”¿La República de Eslovenia debería ser un Estado independiente y soberano?” También fue un ejemplo de meridiana claridad el referéndum por la independencia de Sudán del Sud realizado en 2011. La papeleta presentaba dos opciones sin confusiones posibles: “unidad” o “secesión”. Por otra parte, la pregunta pactada entre el gobierno escocés y el ejecutivo de David Cameron fue aprobada por una comisión del parlamento británico para garantizar su neutralidad. El resultado fue “¿Escocia debería ser un país independiente?”

El caso catalán

¿Cumple la pregunta presentada por Artur Mas los criterios necesarios? La aparición explícita de la palabra independencia no deja lugar a confusiones sobre lo que se vota en el segundo enunciado: la secesión. Además su aparición era una condición indispensable por parte de ERC, la CUP y la Assamblea Nacional Catalana para evitar que CiU se dejara llevar por el limbo de la ambigüedad. Sin embargo, el primer apartado de la pregunta, gracias al cual Iniciativa y Unió se han sumado al pacto, puede resultar confuso o incluso redundante.

 

Manifestación independentista del 11 de septiembre de 2012 / Commons

Manifestación independentista del 11 de septiembre de 2012 / Commons

 

En el imaginario colectivo, tener un Estado y ser independiente son aspectos que van juntos de la mano. Muchos ciudadanos no entienden que se pueda ser un Estado sin tener independencia. A esta confusión, el redactado de la pregunta no ayuda a clarificar las diferentes opciones que supone el primer apartado: desde ser un Estado libre asociado hasta formar parte de una confederación ibérica.

 

La aparición de la palabra ‘independencia’ no deja lugar a confusiones sobre lo que se vota en el segundo enunciado: la secesión

 

Sin embargo, Artur Mas ha optado por sacrificar claridad en favor de sumar un amplio consenso que aglutine los sectores no independentistas de ICV, Unió o incluso socialistas. Partidos que deberían conocer que cualquier proceso federal no es fruto de la descentralización como el autonomismo, sino que se trata de la unión de territorios soberanos. Por lo tanto, para que Catalunya se pudiera federar o confederar con España, requeriría previamente un Estado independiente además de la voluntad, poco probable, de las instituciones españolas.

En once meses

Por lo que a la fecha se refiere, el Consell recomendaba evitar la cercanía con otros procesos electorales, como las elecciones europeas del 25 de mayo, así como fechas simbólicas, el 11 de setiembre por ejemplo, para ganar en neutralidad. Así lo ha respetado Artur Mas que se ha decantado por el 9 de noviembre. Algunos, sin embargo, han aprovechado por criticar que sea una fecha posterior a la del referéndum escocés, temerosos por el contagio de la previsible derrota del independentismo.

Sea como sea, los once meses que quedan para el referéndum no serán ni mucho menos sosegados. El gobierno de Mariano Rajoy ya ha afirmado por activa y por pasiva que dicha consulta no se va a celebrar y desde la Generalitat ya trabajan con vistas a un avance electoral en caso que el bloqueo de Moncloa sea efectivo. Pero el objetivo es mantener viva hasta el final una pregunta que, más que por la secesión, plantea el fin del statu quo.

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