17 de abril de 2014

La educación diferenciada y la igualdad de género en la Ley Wert

Noemí Garcimartín
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Arranca el curso y con él la polémica sobre la Ley de Mejora de la Calidad Educativa, conocida como ley Wert. Uno de los puntos más criticado es su posición ante la igualdad de género. Por un lado abre la puerta a la financiación pública de la enseñanza diferenciada por sexos y por otro, se le atribuye una escasa aportación en la lucha contra la desigualdad.

La vía libre a los conciertos con los centros que separan por sexos ya fue anunciada por el ministro Wert tras conocer los fallos en contra del Tribunal Supremo.  Los jueces basaron sus sentencias en la ley de educación en vigor, la de 2006, que establecía la educación mixta como criterio. El profesor de derecho Octavio Salazar Benítez llama la atención en que no estuvieran motivadas en el derecho a la no discriminación recogido en la Constitución: “desde una perspectiva constitucional la clave no debería situarse tanto en que existe una ley en vigor que impide la diferenciación por razón de sexo, sino más bien en que ésta forma parte de los criterios en que se sustenta  nuestro sistema educativo y, más en concreto, lo que se ha denominado “ideario educativo constitucional”. Lo único que había que hacer era cambiar la ley para incluirlos.

 

Mientras algunos hablan de una diferente evolución entre niños y niñas, otros abogan por el dinamismo de la educación mixta

 

La nueva ley recoge la no discriminación por razón de sexo. Pero matiza que no considera discriminación la enseñanza diferenciada por sexos. Los centros deben motivarlo y desarrollarlo conforme a los parámetros señalados por la UNESCO en 1960, contra la discriminación en la escuela. Añade, también, que esta educación no debe tener un trato desfavorable por parte la administración.

 

De la escuela diferenciada a la coeducación

Los argumentos a favor de separar a niñas y niños se centran en los resultados y los ritmos. La Asociación Europea de Centros de Educación Diferenciada señala que “las chicas pueden experimentar con asignaturas tradicionalmente consideradas ” de chicos” con más libertad”. Para los chicos, con modelos masculinos como los profesores, se legitima ser buen estudiante a pesar de ser hombre, “los chicos aprenden en un entorno que filtra muchas de las actitudes anti-académicas de la masculinidad”.

El orientador Joseba Barturen a favor de separar dice que ambos sexos tienen distinta evolución, por ejemplo las niñas aprenden a leer antes, y “en un ambiente de niños, éstos son capaces de desarrollarse a su propio ritmo”. Recuerda, además, que los niños son más físicos, “en un aula para niños, podemos utilizar y dirigir esa energía masculina, y ayudar a los niños aprender a manejar su cuerpo y su fuerza física”.


 

Eva Martínez Sampere profesora de derecho constitucional y defensora de la escuela mixta, dice que es una exigencia de la Constitución y de los tratados internacionales y comunitarios. Defiende: “el estímulo de la educación mixta, para que se puedan inculcar desde la infancia los valores humanos positivos a niñas y a niños y, en cambio, eliminar los negativos en ambos”. Aboga por un paso más hacia la coeducación, “algo más que poner juntos a niñas y niños en las aulas”.

María Subirats Martori del lado de lo mixto, se basa en los estudios antropológicos sobre las diferencias atribuidas a cada sexo en varias culturas, en todas existen pero en cada una son distintas. Por lo que señala que: “si las capacidades y aptitudes atribuidas a las mujeres y a los hombres varían de una a otra sociedad, de una época a otra, ello significa que no están establecidas por la biología, sino que su determinación es social”

Apuesta por la coeducación al constatar que tras pasar por la escuela mixta las mujeres no obtienen el mismo rendimiento que los hombres. Se pregunta si aún existe un curriculum oculto de discriminación. En este sentido denuncia: “la casi total inexistencia de referencias a las aportaciones que han hecho las mujeres a la cultura, la falta de atención a los aspectos culturales que pueden ser especialmente interesantes para ellas”. También el  sexismo en el lenguaje: “el uso regular -y normativo- del masculino para designar colectivos que incluyen a personas de ambos sexos, incluso cuando la mayoría de estas personas son mujeres o niñas, o cuando en el grupo hay únicamente un varón”.

 

La ley y la igualdad

Además de la polémica sobre la educación diferenciada, la Asociación de Jueces para la Democracia en un comunicado sobre la violencia de género considera la ley un retroceso debido a que: “en la misma no se contempla la educación en igualdad de sexos ni la formación para la prevención y resolución de conflictos”. La ley de igualdad y los tratados internacionales como el de Amsterdan suscrito por España en 1999 señalan el deber de incluir la perspectiva de género en cualquier acción de la administración.  El Instituto de la Mujer elaboró una guía con los principios que no pueden faltar en los textos legales.

En primer lugar el principio de visibilidad, legislar para personas no para un sexo determinado, pero a la vez recoger la realidad diferenciada de mujeres y hombres. La visibilidad en la lucha contra la desigualdad aparece en la ley cuando señala la prevención de la violencia de género o la formación para prevenir conflictos. También se observa en los artículos dedicados a la convivencia escolar. Una forma de dar visibilidad es un lenguaje igualitario, pero la ley utiliza sobretodo el masculino, como “padres” y “maestros”. Por otro lado cuando señala los problemas actuales para corregir se centra en lo académico como el abandono escolar o la baja calidad. A pesar de hablar de la educación como motor del cambio social, no detecta lo que falla en el sistema que lleva a la discriminación y a su manifestación más dramática que es la violencia de género.

El siguiente principio, es el de autonomía, está relacionado con el acceso de la mujer a la educación y el empleo. La ley dice que no debe haber discriminación por razón de sexo en la enseñanza. Aquí es donde da cabida a la educación diferenciada. Debe desarrollarse bajo lo señalado por la UNESCO, por lo que cuando se cree un centro de educación diferenciada debe haber otro con la misma oferta para el otro sexo. El empleo preocupa mucho en esta ley, habla de calidad para abrir las puertas a los puestos de alta cualificación. No hace alusión al problema femenino, que no tiene que ver con lo académico y es la escasa rentabilidad que obtienen de sus resultados en la escuela.

El tercer y último principio sería la participación, trata del acceso a los puestos de decisión en igualdad. En la elección del equipo directivo o en el gobierno del centro la ley pasa por alto las recomendaciones internacionales y de la ley de Igualdad de equipos paritarios en la administración para dar ejemplo. Al hablar del gobierno del centro nombra a las asociaciones de padres, no aparece la palabra “madres”. Hace años muchas de estas asociaciones cambiaron su nombre de APAS a AMPAS para poner de manifiesto la alta participación de las mujeres.

Tras una primera lectura bajo la perspectiva de género, se observa que es una ley que se centra en lo académico, los resultados y la competitividad. No preocupan los problemas de la educación que afectan directamente a las mujeres, como la discriminación y su precariedad laboral. La igualdad se queda en el papel, en lo formal y no hay ninguna medida para incorporarla en las aulas de forma efectiva.

 

Una Respuesta

  1. […] en sus reportajes “La sociedad patriarcal como causa de la violencia de género” y en “La educación diferenciada y la igualdad de género en la Ley Wert” que se pueden leer en TRIBUNA […]

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