15 de diciembre de 2013

Shutdown: el Senado no evita el caos fiscal en Estados Unidos

Adrián Caballero
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Demócratas y Republicanos no han sabido llegar a un acuerdo y Estados Unidos se enfrenta a su primer cierre del Gobierno desde hace 17 años. Aunque Barack Obama no se mostraba demasiado preocupado en la mañana del lunes, finalmente el Senado rechazó la propuesta para el Presupuesto del país y se activó lo que técnicamente se conoce como ‘shutdown’. Este es un mecanismo por el cual si, al final del año fiscal, Congreso y Senado de Estados Unidos no aprueban las cuentas públicas, se activa una suspensión de pagos en los que se conocen como “servicios no imprescindibles”. Algunos ejemplos de estos servicios no imprescindibles son los Parques Naturales o los monumentos turísticos, que permanecerán cerrados mientras los representantes en ambas Cámaras no aprueben un nuevo presupuesto.

Se estima que, directamente, el gobierno americano pierda 1.000 millones de dólares y casi 800.000 funcionarios serán enviados a casa sin trabajo hasta que la discusión llegue a un acuerdo. Los medios de comunicación basan estos cálculos en la experiencia sufrida por el ex presidente Bill Clinton en 1996, cuando, durante unos pocos días, Demócratas y Republicanos tampoco llegaron a un acuerdo al final del año fiscal, que se cumplía este 17 de octubre.

¿Por qué no hay acuerdo?

No hay dudas que la mayor oposición a los Presupuestos la ejerce el partido de la oposición a la presidencia, el partido Republicano. No obstante, por la realidad política americana, en la que Presidente, Congreso y Senado se eligen en años diferentes, el Senado está controlado por el partido Republicano. Una vez pasó el Presupuesto el escollo del Congreso, no pudo con los votos en contra de los senadores republicanos y alguno demócrata.

 

Los Republicanos aprovechan el debate presupuestario para intentar que Obama retire su reforma sanitaria

 

En buena medida, el rechazo por parte de los Republicanos, en concreto de los más conservadores del denominado Tea Party, se debe a un rechazo a la reforma sanitaria del presidente, la conocida como Obamacare. Fue una de las medidas estrellas anunciadas por Barack Obama desde su llegada en 2009 a la Casa Blanca y también una de las reformas que mayor división y polémica ha generado en la historia reciente de Estados Unidos. Obama pretendía acabar con los más de 40 millones de estadounidenses que no tienen seguro médico. Su propuesta ambiciosa chocó con la tradición liberal americana y con la negativa de parte de la sociedad del país, así como de los republicanos e, incluso, de algunos congresistas y senadores demócratas.


 

El hecho de dominar una de las Cámaras de decisión da algo de poder a los Republicanos y el presidente sabe que ha de tener en cuenta su opinión y ceder en aspectos como la reforma sanitaria. Los conservadores piensan que forzar la situación del cierre de Gobierno puede hacer ceder completamente a Obama en su reforma santiaria. No obstante, de momento los Republicanos se han encontrado el primer problema: la reforma sanitaria es considerada una “ley obligatoria y no discrecional”, con lo que los primeros cierres de presupuesto no afectan a dicha Ley. Obviamente, si el desacuerdo persiste, la situación puede acabar afectando a la Obamacare pero también a otras muchas partidas esenciales del Gobierno.

Irresponsabilidad republicana

No son pocos los analistas americanos, pero también internacionales, que acusan de irresponsabilidad a la actitud de los Republicanos. Incluso el presidente Barack Obama advirtió que paralizar las cuentas públicas del país para forzar a la retirada de la reforma sanitaria. En una conferencia de prensa tras conocerse el desacuerdo político, Obama anunció que servicios quedaban suspendidos, además de acusar de irresponsables a los Republicanos y advertir que empresas pequeñas estaban en peligro, así como dos millones de puestos de trabajo en todo el país. El presidente dejó claro que el cierre fiscal “tiene impacto sobre la gente real”. También se mostró firme al afirmar que “esto no tiene por qué estar pasando” si “la Cámara de representantes hace lo que el Senado hoy no ha hecho”.

Todo el mundo mira al Tea Party, la facción republicana más conservadora (y, por tanto, más en contra de la reforma sanitaria). También a aquellos que hicieron que la votación sobre los Presupuestos se perdiera en el Senado por 54 a 46. Parece que todo queda entre el pulso político por ver quien cede antes: los Republicanos en pro de la economía del país o Barack Obama. Mientras unos utilizan esta situación para rechazar de nuevo la Obamacare, quienes están expectantes por la aprobación de los Presupuestos piden un ejercicio de responsabilidad por la nación.

 

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