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9 de noviembre de 2015

La sociedad patriarcal como causa de la violencia de género

Noemí Garcimartín
La sociedad entera tiene en sus manos luchar contra la violencia de género / elefectogalatea.com

La sociedad entera tiene en sus manos luchar contra la violencia de género / elefectogalatea.com

 

El mes de noviembre es el momento en que toda la sociedad se para a reflexionar sobre la violencia de género. Sin embargo, en España cada vez es más frecuente esta reflexión, sobre todo cuando el telediario anuncia una víctima más. Los asesinatos de mujeres ya no se tratan como simples sucesos y producen, incluso, un sentimiento de culpabilidad de toda la ciudadanía. Las causas de la violencia de género no son sencillas, detrás de esas muertes hay todo un entramado de discriminación en el que efectivamente toda la sociedad ha sido cómplice.

La violencia de género fue definida por las Naciones Unidas en el año 1993 como “Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para las mujeres, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vía pública o privada”. Es fundamental la definición que proporciona Naciones Unidas porque sitúa la violencia de género como algo que afecta a las mujeres sólo por el hecho de ser mujer.

Lo que cabe preguntarse ahora es por qué es algo que sólo afecta a las mujeres y qué significa en sociedades como la española el hecho de ser mujer. La mayoría de los autores coinciden en que la causa es la discriminación femenina y detrás de ello estaría el tipo de sociedad actual y también la sociedad histórica de la que es deudora.

Según el antropólogo Marvin Harris las sociedades patriarcales son aquellas en que los puestos claves de poder son ocupados mayoritaria o exclusivamente por varones. Eso es lo que ocurre en nuestra sociedad a pesar de los esfuerzos: las caras del poder económico o político siguen siendo en su mayoría de hombres. Sin embargo, no existe ninguna norma ni discriminación explícita contra la mujer.

La catedrática Alicia Puleo define dos tipos de patriarcados, los de coerción y los de consentimiento. “Mientras que los primeros utilizarían más la violencia contra las que se rebelen ante las normas consuetudinarias, religiosas o jurídicas, los segundos incitan amablemente, convencen a través de múltiples mecanismos de seducción para que las mismas mujeres deseen llegar a ser como los modelos femeninos que se les proponen a través de la publicidad, el cine, etc.”.  La sociedad española es entonces en una sociedad patriarcal de consentimiento.

 

Según la catedrática Alicia Puelo, existen dos tipos de patriarcado en la sociedad: de coerción y de consentimiento

 

Habría que analizar lo que autoras como Gayle Rubin han llamado el sistema sexo-género al que pertenece la sociedad actual española, las características socioculturales que se atribuyen a cada sexo. Así se descubrirán las causas de la discriminación y en consecuencia de su manifestación más extrema que es la violencia de género.

 

Identidad sexual

La persona a lo largo de su vida forja su identidad en relación al sexo al que pertenece. La historia ha destacado como cualidades masculinas “la fortaleza” y en las mujeres “la debilidad”. Conocida es la frase atribuida a la madre de Boabdil, el último rey nazarí, después de perder Granada “llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”. En nuestra sociedad aún se considera que los hombres no deben expresar sus sentimientos.

En cambio en las mujeres existe todavía una idealización de las relaciones afectivas justificadas en elementos socializadores como el cine que hacen que, como señalan Laura Torres y Miguel y Eva Antón, las mujeres perciban como normal el hecho de sufrir por amor, o que todo vale por conseguir al ser querido. Tampoco las connotaciones de las palabras son inocentes, como “soltero de oro” y “solterona”, que hacen que la mujer se sienta más aceptada si tiene un hombre al lado. Otro componente son las categorías, es decir, el valor que se da a lo femenino y lo masculino. Nuestra sociedad es deudora de un pasado en el que las aportaciones femeninas no eran valoradas, ya que existen muchos ejemplos de autoras que tenían que firmar con nombres de varón como Elisa Fernández Montoya,  o como la escritora Caterina Albert que publicaba bajo el seudónimo de Victor Catalá.

Hoy esa infravaloración se observa en temas como la escasa atención al deporte femenino o en los premios culturales, que todavía en nuestro país están en un 90% para ellos y un 10% para ellas, ytambién en el rechazo y escaso valor que la sociedad otorga al trabajo en el ámbito privado, tradicionalmente de mujer.

Después vendrían las normas, las diferentes reglas de comportamiento para mujeres y para hombres. No hace tantos años en España una mujer casada no podía contratar una línea de teléfono sin el consentimiento de su marido. En la actualidad no hay desigualdad jurídica, pero aunque no haya una norma escrita las estadísticas demuestran que las empresas sienten reparos en contratar a mujeres en edad fértil.

 

En España se infravalora a la mujer en el trabajo, pero también en el deporte y en los premios culturales

 

Detrás de las normas vienen las sanciones, la penalización que la sociedad pone a quien se sale de esas reglas establecidas. Hasta hace no tanto en nuestro país la mujer adúltera tenía mayor castigo penal que el hombre. En la actualidad los adolescentes reconocen que no es lo mismo que un chico vaya con muchas chicas, que lo haga una mujer.

Todas estas características del sistema sexo-género o del patriarcado de consentimiento se traducen en una subordinación de lo femenino a lo masculino y por lo tanto en una discriminación.

 

El pasado no se borra

Existe un pasado difícil de borrar y unos elementos socializadores como los medios de comunicación, la educación o la familia que lo perpetúan. Aquí es donde reside la complicidad y culpabilidad de la ciudadanía. El momento en que aceptamos como normal algo que no lo es. Cada vez que aceptamos que una mujer cobre menos que un hombre, que su trabajo sea más precario o cuando pensamos que el maltrato de una mujer por parte de su pareja es fruto de un problema que sólo les afectaba a ellos. Porque detrás de esa mujer estaba la asunción de que vale más si tiene un hombre al lado o que es normal sufrir por amor. Detrás de ese hombre están las voces que desde niño le dicen que no podía mostrar sus sentimientos y todo lo que le ha llevado a asumir un sentimiento de superioridad y dominación.

La sociedad entera tiene en sus manos, por tanto, combatir la violencia de género. El primer paso es la educación trasmitir desde los contenidos educativos un mismo valor a las aportaciones femeninas y masculinas. Introducir en la escuela y en casa una mayor atención a la educación emocional de las niñas y de los niños.

También los medios de comunicación tienen su papel en esta lucha. El asesinato de una mujer nunca debe ser transmitido como un crimen pasional o un caso aislado, las noticias deberían hacer reflexionar sobre la ideología que hay detrás e invitar a toda la población a combatirlo. La implicación va más allá de incluir un número de teléfono cada vez que se hable de maltrato.

8 Respuestas

  1. Maite dice:

    Gracias por abrir mi mente un poco más.

  2. Anónimo dice:

    Gran artículo. Me ha gustado mucho la manera de enfocar el tema. Te daría un voto para el Premio Pulitzer.

  3. lulopa dice:

    Buen articulo ,gracias por hacernos reflexionar

  4. […] último, ya lo adelantaba nuestra compañera y periodista Noemí Garcimartín en sus reportajes “La sociedad patriarcal como causa de la violencia de género” y en “La educación diferenciada y la igualdad de género en la Ley Wert” que se pueden […]

  5. Rafa dice:

    Los medios de comunicación no harán nada precisamente porque forman parte del mismo sistema, los controlan la clase dominante, el patriarcado es el responsable directo de la violencia de género y de la violencia sexual sobre las mujeres y los niños. Es violencia institucionalizada, monopolio de la violencia aceptado por todas nosotras.

  6. Ana dice:

    Como mujer y feminista, creo q las mujeres debemos ganarnos nuestro lugar, no esperar a q los hombres nos tengan piedad y nos den paso en el mundo. Además la violencia de género, no sólo se puede dar de hombre a mujer, si no de mujer a hombre, pero veo claramente que las cosas no se las está viendo así, estamos pasando de un extremo al otro. Se supone que el feminismo aboga por la IGUALDAD de derechos entre hombres y mujeres, no de que las mujeres tengamos toda la protección posible, y los hombres allá, x deuda social. Si el hombre es maltratado por una mujer, por el hecho de ser hombre, bien por la mujer el hombre se lo merecía, o el hombre es un debilucho, eso no es violencia de género, y eso me suena a hipocresía y doble moral… Definitivamente que pena que el movimiento feminista en general y la misma ONU, tengan pensamientos tan retrógadas, porque se me hace que en unos años, empezarán a subir los asesinatos de hombres por mujeres (cosa q sí se da ahora, pero que nadie lo toma en serio) y las personas “feministas” qué dirán?

    Y para la chica que dice que los medios de comunicación no hacen nada, yo lo que veo es todo lo contrario, ahora un hombre lastima a una mujer y en su entorno o región, los medios de comunicación actúan y la gente se indigna y se lamenta, pero un hombre es abusado por una mujer, y cri cri cri… Esto… Esto no es feminismo…

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