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15 de julio de 2014

Los silencios de Rajoy

Eduard Ribas
Imágen de la rueda de prensa que Rajoy ofreció a través de una pantalla / Órbita política

Imágen de la rueda de prensa que Rajoy ofreció a través de una pantalla / Órbita política

 

A menudo se habla de Rajoy como un gallego nada amante de los sobresaltos. Alguien que confía en el paso del tiempo como el mejor aliado para la resolución de cualquier problema. Pero tras esa imagen de bonhomía, el rajoyismo funciona con un estilo bien distinto. Es una implacable y silenciosa maquinaria de  lealtades que no disculpa a disidente alguno. Cuando Rajoy calla, el mensaje está claro: no hay sitio en el partido para ti.

El Partido Popular ha funcionado desde el derrumbe de Suárez como un cajón de sastre. Ha abarcado un amplio espectro ideológico que incluye a cristianodemócratas, liberales e incluso socialdemócratas. Son las diferentes almas del PP unidas bajo el aznarismo. Con la segunda derrota ante Zapatero, el liderazgo de Rajoy quedó en entredicho por parte de los sectores políticos y mediáticos próximos a Aguirre y Aznar. Ahora, con Rajoy en la Moncloa, se están cobrando el precio por su deslealtad.

 

Un presidente de honor renegado

Pese a ser Aznar quien designó a dedo a Rajoy como su sucesor al frente del partido, a nadie se le escapa que el ex presidente mantiene una relación más que gélida con el actual jefe de gobierno. Las críticas contra la gestión de Rajoy ante la crisis económica y territorial no son un secreto. El programa de Aznar tiene dos puntos: bajar impuestos y recentralizar España. Así lo demostró en una entrevista concedida en abril a Antena 3 que escoció y mucho al rajoyismo.

 

 

Las represalias emprendidas por el equipo de Rajoy fueron casi inmediatas. Ningún ministro del gobierno asistió al acto de presentación del nuevo volumen de memorias del ex presidente. Plantón ante el que Aznar, visiblemente afectado, afirmó “tomar nota”. Y así ha sido. La del presidente de honor del partido ha sido la gran ausencia de la convención del PP del pasado fin de semana. La grieta se ensancha.

 

Paren las rotativas

Hacer el vacío es un castigo habitual dentro del marianismo. El ahora ex director de El Mundo es muy consciente de ello. Cuando en noviembre nadie del gobierno ni del partido asistió a los tradicionales premios del periódico de Unidad Editorial, empezó a vislumbrarse el fin de la influencia de Pedro J Ramírez. Desde Moncloa, donde la proximidad con el Grupo Planeta – La Razón y Antena 3- es innegable, había una consigna clara: acabar con Pedro Jota.

Ese temido periodista al que antaño todo el mundo en el PP quería caer bien, convirtió el caso Bárcenas en una arma para derrocar a Rajoy. Motivo por el cual desde el partido se inició una simbólica cruzada contra el periódico y su director. No solo Rajoy desprestigió públicamente las informaciones de dicho diario sino que incluso Cospedal  confesó ante el juez Ruz que no lee El Mundo. Todo un símbolo. Pero la espada de Damocles que acabó con el reinado de Pedro Jota fue la asfixia económica sufrida cuando el gobierno le cerró el grifo de la publicidad institucional. Buenas noches y buena suerte.

 

 

El feudo madrileño

Es la capital del Estado pero, contra todo pronóstico, Madrid no es el lugar donde la dirección central del PP tiene su mayor influencia. Ni mucho menos. El mayor rival de la planta 7 de Génova 13 -sede nacional del Partido Popular- se encuentra justamente en la primera planta del mismo edificio – sede del PP de Madrid-.

Ese es terreno de Esperanza Aguirre, quien pese haber dimitido como presidenta autonómica no renuncia a su parcela de poder en la federación madrileña del partido. Política liberal que nunca ha tenido pelos en la lengua, ya hizo un amago de intentar desbancar a Rajoy en 2008. Esta semana ha exigido la publicación de las balanzas fiscales en una de sus habituales críticas contra el gobierno del Estado. Aguirre sigue sin perdonar a Rajoy su subida de impuestos. “¡No más IVA!”, clamaban juntos no hace mucho tiempo.

Las discrepancias con el gobierno central influyeron en su marcha, pero Aguirre quiso dejar Madrid bien atado. Su delfín al frente de la presidencia de la Comunidad, junto al tándem formado con Ana Botella en la alcaldía, ha llevado a cabo una política fiscal inversa a la de Rajoy. Ignacio González, siguiendo los designios de su mentora, ha decidido bajar impuestos y entonar un particular “Espanya ens roba” a la madrileña para exigir una reforma de la financiación territorial. Pero no todo reluce en ese pequeño oasis llamado PP de Madrid.

 

Ignacio González y Ana Botella no tienen asegurados su candidatura a las próximas elecciones

 

Al fracaso de Eurovegas, de los Juegos Olímpicos y de la privatización sanitaria, hay que sumarle la imparable efervescencia de IU y de UPyD en las encuestas. Y es que la hegemónica derecha madrileña vive su mayor crisis en 25 años. El experimento de un presidente y una alcaldesa que no se presentaron a las elecciones no ha acabado de cuajar y el rajoyismo lo quiere aprovechar para hacer valer su autoridad. González y Botella no tienen asegurados su candidatura.

 

Fuga por la derecha

Si la crispación con Madrid siempre ha sido evidente ahora se le ha abierto a la dirección un nuevo frente en el flanco derecho. Dos veteranos varones del partido, tan veteranos que fueron enviados al Parlamento Europeo, han hecho público su malestar con la directiva popular. Pertenecen al ala más conservadora del partido y es sintomático que lo que más les separa sea la crisis territorial  del Estado con Euskadi y Catalunya.

Jaime Mayor Oreja, negador del proceso de paz y férreo defensor de la lucha contra ETA y el independentismo vasco,  también ha sido víctima del método Rajoy. Según informa eldiario.es, Mayor Oreja recibió buenas palabras del presidente de su partido por su labor como cabeza de lista en Bruselas. Lo demás fueron todo silencios. Mayor Oreja esperó durante días a que Rajoy le propusiese repetir como candidato a la Eurocámara. Esa llamada nunca llegó. Y es que la política antiterrorista defendida por Mayor Oreja coincide más con Vox que con la del Ejecutivo popular.

 

Rajoy no llamó a Mayor Oreja para repetir como cabeza de lista en las europeas

 

A esa nueva formación derechista, impulsada por una víctima de ETA descontenta con el PP, es donde se ha mudado Alejo Vidal Quadras. El tertuliano de Intereconomía, vicepresidente de la Eurocámara en sus ratos libres, llegó a pedir a Rajoy que enviase la Guardia Civil a Catalunya y suspendiera su autonomía. Palabras que no fueron escuchadas en un partido que ya no confiaba en él ni para estar en Bruselas.

 

 

Ni los cargos más sagrados se han librado de este ostracismo -concepto made in Zarzalejos-. Antonio María Rouco Varela dejará el arzobispado sin haber pisado ni una sola vez la moqueta de la Moncloa. Fueron demasiados los años en los que el cardenal de Madrid protegió a Losantos al frente de las mañanas de la Cope. Las ondas rebosaban bilis e insultos hacia maricomplejines- el alias de Rajoyy cuando se le preguntaba a Rouco, éste respondía que a esa hora leía el breviario. Balones fuera.

Tras el método Rajoy, hay un nombre: Pedro Arriola. Este sociólogo casado con la diputada Villalobos, es el ideólogo  que cocina las estrategias del partido. Muchos le atribuyen  haber diseñado el prototipo de político de perfil bajo, que calcula los tiempos, que aparca temas conflictivos y que espera a que las tempestades se calmen solas. Un prototipo al que se ha ajustado Rajoy a la perfección. No sin demostrar que un silencio puede ser muy revelador. Cuando Rajoy  no asiste a un acto o no realiza una llamada, el mensaje está claro. Quien calla otorga.

 

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